Siete poemas para esta semana. Selección de Felipe Garrido

    Lunes, 03 de diciembre de 2018. - Noticias sobre: Felipe Garrido

    Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria.

    Lunes

    Laberinto

    no basta
    mirar
    es necesario poner en movimiento
    los sueños del caballo de mar
    de la memoria
    los suntuosos palacios
    soñados esta madrugada
    no basta
    escribir el poema
    es necesario zambullirse en la concentración
    del barrer
    del amar del mirar el cuerpo de una hormiga
    es posible entonces echar a correr
    de cara hacia el misterio
    contenido
    en una taza de té
    el poema se organiza luego
    la máquina se para y el paisaje comienza a cantar
    se desliza la mano sobre el lomo del viento
    un nuevo grito en el bosque se inaugura
    un nuevo canto gotea hacia el asfalto
    mi perro reza de rodillas
    mi molinillo de oraciones trepida con el aire
    ya todo es una feria volteada de cabeza
    como una virgen perseguida en los pasillos del laberinto
    el místico laberinto
    de una vara y una caja de laca
    en la que guardo mi poema
    lo doblo
    y lo coloco en los estantes de la cabeza
    mientras sales a la calle
    y andas como entre los libros de la biblioteca
    como entre el recuerdo del poema que tramas
    mientras te repites
    no basta mirar
    es necesario

    Sergio Mondragón (1935)
    El aprendiz de brujo
    Siglo XXI, México, 1969

    Martes

    Alka-Seltzer

    1
    Estaba el sobre de Alka-Seltzer en la mesa
    desde ese día
    que llegaste a las dos de la mañana,
    pareciendo una cuba.
    Yo pensaba si pedirte que te quedaras,

    ya te habías quitado los pantalones.
    Justo antes de decirte que podías usar mi cepillo
    ya te estabas lavando los dientes,
    “sí te quiero, yo también la he pasado terrible”
    balbuceabas.
    Me levanté por un vaso de agua
    (y el último Alka-Seltzer),
    lo puse en la mesa junto a la cama.
    Me jalaste del brazo,
    me quitaste la ropa,
    todo estaba manchado,
    tú,
    yo,
    la sábana,
    las almohadas.
    Decías: voltéate,
    y yo con ganas de verte la cara.
    En la mañana
    tu ataque de asma
    no nos dejó ni despedirnos,
    alcanzaste a decir un
    “te llamo al rato”
    y saliste corriendo a tu casa.

    2
    Todo seguía ahí.
    el buró,
    el vaso,
    el sobre.
    Hasta ayer
    que sentí algo parecido
    a lo que debe ser
    el amor a primera vista
    cuando al llegar a mi cama
    a las seis de la mañana,
    pareciendo una cuba,
    como tú ese día,
    lo primero que vi
    fue el sobre de Alka-Seltzer.

    Anaité Ancira (1980)
    GPR, México, 2018

    Miércoles

    Visitas

    Pregunto la ubicación de la sala
    me piden el nombre del difunto,
    alguien dice amablemente,
    no tarda en llegar el caballero.
    Estoy en una sala de espera,
    pasa un hombre y dice a otro:
    no quiero que te destruyas tomando.
    La sala no es cómoda.
    Llega el caballero.
    Abren paso,
    Llega mucha gente.
    Hay galletas. Manos estiradas.
    Al caballero lo colocaron en medio de la sala.
    La gente entra, suda, saluda, platica:
    el tráfico, los precios, la desgracia.
    El caballero yace en una caja en medio de la sala.
    Susurran, se acomodan, ven al frente, toman agua.
    Intercambian opiniones, rozan sus mejillas.
    Estoy en una sala de espera llena de relojes y cafeteras.
    Debajo de los focos la gente rodea al caballero brevemente.
    Frotan sus manos, también muy brevemente.
    La gente se despide. Debe hacer cosas, llegar a casa.
    La sala se vacía.
    El caballero espera en medio de la sala.
    El caballero sigue esperando.

    Rosario Loperena
    Cajas
    Tierra Adentro, México, 2015

    Jueves

    Gacela del niño muerto

    Todas las tardes en Granada,
    todas las tardes se muere un niño.
    Todas las tardes el agua se sienta
    a conversar con sus amigos.
    Los muertos llevan dos alas de musgo.
    El viento nublado y el viento limpio
    son dos faisanes qu vuelan por las torres
    y el día es un muchacho herido.
    No quedaba en el aire ni una brizna de alondra
    cuando yo te encontré por las grutas del vino.
    No quedaba en la tierra ni una miga de nube
    cuando te ahogabas por el río.
    Un gigante de agua cayó sobre los montes
    y el valle fue rodando con perros y con lirios.
    Tu cuerpo, con la sombra violeta de mis manos
    era, muerto en la orilla, un arcángel de frío.


    Casida del llanto

    He cerrado mi balcón
    porque no quiero oír el llanto,
    pero por detrás de los grises muros
    no se oye otra cosa que el llanto.
    Hay muy pocos ángeles que canten,
    hay muy pocos perros que ladren,
    mil violines caben en la palma de mi mano.
    Pero el llanto es un perro inmenso,
    el llanto es un ángel inmenso,
    el llanto es un violín inmenso,
    las lágrimas amordazan al viento,
    y no se oye otra cosa que el llanto.

    Federico García Lorca (1898-1936)
    Diván del Tamarit
    Editorial Losada, Buenos Aires, 1940

    Viernes

    Juegos para conversar

    Como el vuelo de un pájaro
    quemante
    las palabras surgen
    de mis labios,
    te hablo del pasado,
    de amaneceres trémulos,
    de las olas y su tesitura en tu piel.
    Tú dibujas las palabras en las que
    gira una niña
    con los pies heridos, anhelosos
    de volar.
    Y el sonido se desliza
    por mis oídos
    moroso
    invade
    los escondites
    del meditar.
    Si me hablas yo escondo mis
    palabras
    para escucharte más.
    Si me hablas
    mis palabras vuelan
    al alcance de las tuyas
    jugando a nunca acabar.
    Tu voz
    susurra en mi oído,
    acaricia por mi boca
    tus labios
    y penetra
    deleitosa en su sabio
    dialogar,
    sigue amor,
    yo la haré flor en tu cuerpo
    para deshojas en la lenta hora
    de la soledad.

    Miriam Balboa-Echeverría
    Juegos para entretener a un amante
    Libros Tierra Firme, 2000

    Sábado

    Un epígrafe

    –¿Y las leyes?
    –¿Cuáles leyes, Fulgor? La ley, de ahora en adelante, la vamos a hacer nosotros.
    . . . . .
    El cielo era todavía azul. Había pocas nubes. El aire soplaba allá arriba, aunque aquí abajo se convertía en calor.

    Juan Rulfo (1917-1986)
    Pedro Páramo
    Fondo de Cultura Económica,
    México, 1955


    Bailarina nocturna

    En memoria de C. Bukovsky

    De plástico divino,
    tus pechos son gardenias exactas,
    petrificadas, diáfanas.
    Palabras mías: voces roncas que susurran
    bajo la melodía perfecta de tu tanga.
    Infinitas tus piernas culminan
    en el ardor de unos tacones de ave.
    Soy un hombre condenado por tus gastadas caderas
    Por el breve espacio en una canción escondida;
    Soy un hombre perdido por tu barato olor a durazno
    y por tu mirada fija
    fija siempre en la nada.

    Teresa Cepeda
    Tierra de entrañas
    Canguro Bolsón, Cuernavaca, 2013

    Domingo

    Escrito en el polvo

    Por lo pronto lo último en llegar es el orgasmo. Siempre dejamos para el último el orgasmo y así las cosas no saben, las acrobacias no saben, huelen. Y está bien, es cosa de sentidos, de sentirnos agotados por la mañana y muy rejuvenecidos tras el alcohol y las piernas en el cuello. Huelen a piel madura y algunas levedades y fracturas. Es cosa de sentidos. En orden alfabético: gusto, oído, olfato, tacto, vista. Vacío, algo volando sobre el vacío. Hambre, silencio, peste, horror y piel. Mucha piel donde antes no había. Algún talento habríamos de tener. Esperanza no, eso es gasto y es tiempo de economías La sintaxis en superlativo, ya que esto tiene el tamaño mayor en cuestión de lechos. Y todo lo grande achica el comparativo de la gozadera. Pero es puro pretexto para el conocernos, porque si lo piensas bien, lo último en llegar es e placer. En infinitivo como si de cosas de marcianos se tratara. Y hablando de ovnis, ¿qué es esa luz girando por encima de tus ojos?

    Luis Alberto Arellano (1976)
    Plexo
    Tierra Adentro, México, 2011

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