Siete poemas para esta semana. Selección de Felipe Garrido

    Lunes, 31 de diciembre de 2018. - Noticias sobre: Noticias

    Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria.

    Lunes

    La Rama

    En las costas del Golfo de México, especialmente a lo largo de Veracruz y Campeche, en cualquiera de las noches que van del 16 al 24 de diciembre, un grupo de vecinos adorna una gran rama de cualquier árbol con listones, esferas, flores, y la lleva en peregrinación, casa por casa del barrio, hasta llegar a la que ese día será la anfitriona. Mientras caminan cantan versos que son los que siguen, o alguna de sus muchas variantes:

    Hola buenas noches, ya estamos aquí,
    aquí está la rama que les prometí,
    que les prometí venir a cantar,
    pero mi aguinaldo me tienen que dar,
    me tienen que dar con mucho cariño,
    como se lo dieron los Reyes al Niño.
    Los Reyes al Niño le dieron regalos
    y usted señorita me da mi aguinaldo.
    Buenas noches damos
    buenos caballeros,
    a cantar venimos
    al Rey de los Cielos.
    Naranjas y limas,
    limas y limones,
    más linda es la Virgen
    que todas las flores.
    En un portalito
    de cal y de arena,
    nació Jesucristo
    por la Noche Buena.
    Venimos de lejos,
    a traerte la Rama,
    recíbela atento,
    hoy y mañana.
    Abre la puerta o una ventana,
    para que veas los adornos,
    y los farolitos de ésta tu Rama.
    A la media noche
    un gallo cantó,
    y en su canto dijo,
    ya Cristo nació.
    Denme mi aguinaldo,
    si me lo han de dar,
    la noche es muy corta
    y tenemos que andar.
    Ya se va la Rama muy agradecida
    porque en esta casa fue bien recibida.
    Si la muerte tiene un diente,
    el demonio tiene dos,
    y si no me dan mi aguinaldo,
    se las pagarán con Dios.

    Anónimo
    Veracruz me llena de orgullo
    Gobierno del Estado, SECTUR,
    Xalapa, 2018

    Martes

    Hechizo revertido

    Un cristal de sal
    en el índice,
    a mi lengua.
    He tragado la lágrima de una sirena.

    Hechizo de cocina

    Trozo de perejil un manojo
    y un apetito genital nos pica como la pimienta roja.
    Crucifícame con clavos aromáticos.
    Azafráname, que yo te aliñaré.

    Hechizo de luna

    Íntimas, nadie sabrá lo que te solicito,
    nuestro acuerdo tiene la fuerza de cien victorias.
    A cuartos eres mi daga
    y completa: mi espejo de paladio,
    manantial que cura la ceguera,
    linterna, cántaro, voz de una virgen muda, trapecio de cristal,
    flor de espuma, patrona, perla pendiente,
    provocadora de aullidos,
    leche de mujer derramada en el desierto, jaula, luna mía,
    tras la que caminé años en otro tiempo,
    en el que te cantaba mis plegarias y tú me protegías
    sin condiciones.

    María de Guerra (1970)
    Fervores
    Conaculta, México, 2011

    Miércoles

    En nadie que fui me vi pasar

    Alguien de mi generación compañero
    de mis años párvulos,
    que, como yo, no sé por qué no ha muerto,
    cruzó hoy la calle
    conduciendo un viejo Chrysler.
    Aunque no había vuelto a verlo desde entonces,
    reconocí el perfil de casta familiar.
    El perfil desfigurado por la agresión del tiempo.
    Derruido por la constante agresión del tiempo.
    Sin embargo, gracias al pasar fugaz
    de esa deteriorada fisonomía,
    recordé ¿por un segundo sería? en mi memoria
    (la memoria que guarda todo intacto), recordé
    recobrándola la faz de mi infancia.
    De su paso quedó un fulgor, un haz de rayos.
    Un halo pálido de prímulas
    sin despuntar, en inicial pudor de abrirse.
    En un día cualquiera, un don inefable.
    Siempre algo así puede pasar un día cualquiera.

    Carlos Martínez Rivas
    Poemas sueltos
    Edición y nota de
    Miguel Ángel Echegaray
    UAM, México, 2002

    Jueves

    Dama huasteca

    Ronda por las orillas, desnuda, saludable, recién salida del baño, recién nacida de la noche. En su pecho arden joyas arrancadas al verano. Cubre su sexo la yerba lacia, la yerba azul, casi negra, que crece en los bordes del volcán. En su vientre un águila despliega sus alas, dos banderas enemigas se enlazan, reposa el agua. Viene de lejos, del país húmedo. Pocos la han visto. Diré su secreto: de día, es una piedra al lado del camino; de noche, un río que fluye al costado del hombre.

    Octavio Paz (1914-1998)
    ¿Águila o sol?
    Fondo de Cultura Económica,
    México, 1951

    Viernes

    Recuerdo

    A José María Uzelai

    En la falda de una tierra
    tengo plantado mi pueblo,
    sus casas son todas blancas
    y verde siempre es su ruedo.
    En la falda de una sierra
    puse yo mi pensamiento,
    mi pensamiento de niño
    que aún está vivo en mi pecho.
    ¡Ay mis noches del verano,
    cuando las casas del pueblo
    albergan luceros pálidos!
    ¡Ay madrugadas de invierno,
    que de sol, de frío y de escarcha
    todo mi pueblo está lleno!
    ¡Sésamo del tiempo, ábrete,
    que quiero estar en mi pueblo!

    José María Hinojosa (1904-1936)
    Poesía de perfil
    En Antología poética de la
    generación del 27
    Selección, estudio y notas
    por Manuel Cifo González
    Santillana, Madrid, 2002

    Sábado

    Venus abandona el mar

    I
    Emerges del océano.
    Cristales resbalan por tus montañas.
    Ahora calzas zapatillas de arena.
    ¿Y el infinito animal azul,
    recién abandonado en el lecho?
    ¿Seguirá excitado con el perfume
    que regaste en sábanas de espuma?

    II
    El mar está excitado.
    Cuando te abrazó, lo impregnó tu fragancia,
    y ahora escupe,
    una y otra vez
    sobre la arena
    su espuma pegajosa.

    Héctor Carreto (1953)
    Picnic
    Ediciones Caletita,
    Monterrey, 2017

    Domingo

    Nocturno del Albaicín

    El agua es la sangre de la tierra
    –seguramente ya se ha dicho antes.
    El agua es la sangre de la tierra
    y viaja desde lejos,
    por debajo,
    para surgir del centro de la piedra:
    hidrante mineral de las edades,
    profundo corazón.
    Y viaja
    desde lejos o cerca
    para volcar su curso
    al pie de nuestra sed.
    Mira el dorso del río
    tatuado con las hojas del castaño;
    míralo y queda curado,
    recobra la vista una vez más.
    Oye la fuente allá, con su continuo
    monólogo de dios que se desangra
    pero que nunca llega a doblegarse,
    sino por el contrario,
    que adiestra nuestro oído
    para el cantar del pozo.
    Es medianoche y alguien sigue hablando
    entre las parras y la hiedra oscura.
    Suave dicción del agua que no cesa
    de transcurrir detrás de los postigos
    como una serenata primitiva.
    Danos, oh numen, el punto de apoyo
    para sobrellevar este prodigio
    aunque no comprendamos su lenguaje.

    Jorge Ortega (1972)
    Devoción por la piedra
    Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2010
    Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de
    Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, 2011

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