Siete poemas para esta semana. Selección de Felipe Garrido

    Lunes, 18 de marzo de 2019. - Noticias sobre: Felipe Garrido

    Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria.

    Lunes

    Escribir

    Las historias de un escritor sólo valen la pena si tienen una resonancia adicional en la memoria. La resonancia tiene que ver con muchas cosas, pero siempre con el hecho de que las historias tienen doble fondo, es decir, de que cuentan al menos dos historias. Una visible, tangible, legible; la otra, sugerida, oculta.
    En toda obra de arte narrativa hay siempre estas dos historias: la historia que se narra y la que se sugiere.
    El arte de escribir consiste quizá en que la historia narrada deja ver intermitentemente la historia que está detrás, la verdadera historia apenas dicha.
    Es imposible sugerir bien la historia que está detrás sin contar bien la que va adelante. Pero sin la sombra de la historia que va detrás, la pura eficacia de contar no tiene resonancia.
    La manera más corta de darle sentido a la historia que va adelante es haber respondido cabalmente la historia que va detrás.
    Creo haber leído en algún sitio que Tolstoi resumió la historia que hay detrás de su increíble Sonata a Kreutzer con una palabra inesperada pero profundamente ordenadora de su relato: lujuria.
    Leído desde esa palabra, el relato tiene una unidad interna extraordinaria que quizá va al fondo de la verdad artística: la revelación de un hecho simple y fundamental de la vida humana desplegada a la manera única, inimitable, de cada narrador.
    Los narradores tienen que saber qué quieren decir profunda y simplemente atrás de la complejidad de su historia. Y dejar ver esa intención secreta cada tanto en las distintas peripecias de que cuentan.
    [. . .]

    Héctor Aguilar Camín (1946)
    Milenio, México, viernes 8 de marzo de 2019

    Martes

    Tarde

    Envuelta en un concurso de colores
    ha pasado la tarde sin motivo.
    Los pequeños cuidados
    volvieron las armas a su acerico.
    Un pájaro curioso
    instala su telégrafo en el techo.
    Cuatro nubes envuelven su muestrario
    en el mostrador del poniente.
    Perfume de violeta
    anuncia la hora de la estilográfica.
    Siempre los versos consonantes vuelven
    un poco antes de la cena.
    Olores de ciudad
    vienen con ansias de regeneración.
    El viento de la tarde
    se concentra en los frascos del silencio.
    Afortunadamente no hay campanas
    que sugieran pecados en sonetos.
    En la caja del radio hace cosquillas
    desde Detroit la voz de una señora.
    Un cigarrillo puede
    fracasar el encanto de la hora.
    El céfiro se ha puesto en su organillo
    a tocar con frescura de sandía.
    Una estrella aparece por el norte
    a decir “buenas noches” a la tarde.

    Genaro Estrada (1887-1937)
    Obras
    Poesía / Narrativa / Crítica
    Fondo de Cultura Económica, México, 1983

    Miércoles

    La piedra viva

    La piedra despertó (y era una piedra
    como las otras que hay en la montaña,
    con piel de musgo y venas de yedra).
    Y abrió los ojos. (Era la hora extraña
    en que se enciende el sol, como la hoguera
    que calienta al pastor en la cabaña).
    Y luego dos pasos. (La ladera
    era sonora y bárbara, y los vientos
    peinaban su sombría cabellera.)
    Y en interiores estremecimientos
    se inquietaba la Piedra, hasta que el ansia
    le abrió la boca, y dijo pensamientos:
    –¿En dónde estás, en dónde estás, distancia
    sin relación y tiempo sin medida,
    y lo que Dios es, la única fragancia?
    ¡Oh!, quítame esta túnica: vestida
    así, mi ser es cosa, sólo cosa
    pues la forma es la cárcel de mi vida.

    Alfonso Cortés (1893-1969)
    Material de lectura. Poesía moderna. 56
    Selección, prólogo y notas de
    Jorge Eduardo Arellano
    UNAM, México, s/f

    Jueves

    Fugitivo paisaje

    Quién podría distinguir de un latido a otro el movimiento de su corazón,
    acaso un ritmo, acaso lo que filtra en la ventana el aire del monte,
    o el gemido del aire en el valle de la guerra cristera.
    Todo ha venido y pasa como las balas entre “los alzados” con Jesús en la boca.
    Mi madre toma de cerca y lejos temores y suspiros,
    en un baúl los almacena con un poco de azúcar y galletas por aquello del hambre
    que conoce.
    Helado el de diciembre, furioso el de febrero, loco el de marzo, el viento,
    el viento, el viento, mientras
    contemplo sorprendida, la orla de mi falda que cubre apenas las rodillas.
    He crecido. Se abren los templos.
    Distraía camino hacia el umbral, atravieso la sombra,
    o la línea
    donde empieza la luz.
    Hacia el fondo deslumbra el altar ¡Oh, Maria!
    El incienso y las flores, ¡Madre mía!
    ¡Oh, consuelo del mortal!
    Y durante el ofrecimiento
    de flores, no bajamos
    los ojos
    deslumbrados
    tal vez,
    o abiertos más allá.
    Bajo la llama del cirio inclinado,
    ¡Venid y vamos todos con flores a María!
    Entre tanto, qué misterioso el crecer de los huesos,
    los movimientos desgarbados,
    cuando el cuerpo que apenas rompe el cascarón
    y casi de inmediato angosta la cintura,
    ensancha la cadera,
    y toma por su cuenta la conquista del mundo.
    Paso a paso
    reconocemos que la paciencia es una flor tardía
    y flor temprana la pasión.
    “… ¡Amparadme y guiadme
    a la patria celestial!”
    De un latido a otro, de una ventana a otra,
    se reparte el amor en paisajes que huyen:
    miro de cerca, huyen.
    Desesperadamente
    tomo a los fugitivos por los hombros,
    o trato de abrazarlos, mientras huyen.
    Un beso acaso a una porción de mundo que trato de guardar
    como mi madre
    en su arcón de los tiempos de penuria.
    Permanecer ha sido casi locura, casi
    desbarrancadero en diciembre, en febrero y en marzo, en todo el año,
    en todos
    los años, en que he oído:
    oigo que roe, que paciente roe, y cada vez tiene menos que roer mientras me acecha,
    y su tarea
    ya casi terminó.
    Él hace su trabajo:
    marchita, cansa, pesa, traspasa con fatiga el día, parece marchitar también las esperanzas.
    Pero como en la tarde el ofrecimiento
    en que abrí bien los ojos hacia la llama
    del cirio, y la cera caliente, cayó
    sellándome los párpados,
    ahí desde la sombra domesticada,
    el fuego
    que no es ceniza aún
    está incendiando la sombra en el umbral.

    Dolores Castro (1923)
    En La dimensión en el tiempo
    Varios autores
    Ediciones Castillo, Monterrey, 1998

    Viernes

    Contraste

    Sobre los troncos de las encinas
    paran un punto las golondrinas
    y alegres notas al viento dan:
    ¿Por qué así cantan? ¿Qué gozo tienen?
    Es porque saben de dónde vienen
    …y a dónde van.
    En este viaje que llaman vida,
    cansado el pecho y el alma herida,
    tristes cantares al viento doy:
    ¿Por qué así sufro? ¿Qué penas tengo?
    Es porque ignoro de dónde vengo
    …y a dónde voy.

    Josefa Murillo (1860-1898)
    Poesía mexicana I, 1810-1914
    Introducción, selección y notas de José Emilio Pacheco
    Promexa, México, 1979

    Sábado

    Prólogo

    Afuera las ovejas
    se miran entre ellas.
    Dentro de mí hay
    un campo silencioso.
    Los pájaros piensan
    que es el sol,
    pero es mi tristeza
    que se oculta.
    Quizás mis pájaros
    se averiaron
    y perdieron su compás.
    Quizás yo estoy rota
    y aún no lo percibo.
    Quizás el viento
    se cuela
    entre mis dedos
    y despeina
    mis lágrimas.
    Quizás el cansancio
    no da cuerda
    a mis pulmones.
    Y aunque todo pese
    demasiado
    voy a la vida
    como quien respira
    de nuevo.

    Esther Velázquez (1936-1972)
    En La generación de la angustia
    Poetas nacidos entre 1936 y 1985
    de Armando Salgado
    Premio Internacional de Poesía
    Ramón Iván Suárez Caamal 2017
    Puerta Abierta Editores, Colima, 2018

    Domingo

    Whisky and soda

    Aun cuando yo no beba (quizá por no poder)
    ni el familiar e inocuo vermut, no se incomoda
    mi moral con el triste cuyo solo placer
    es el topacio líquido de su whisky con soda.
    Si, como Baudelaire dijo, es fuerza estar ebrios
    de algo (virtud, ensueño, vino, amor), yo querría,
    más que el tosco excitante de glóbulos y nervios,
    vivir borracho de éxtasis, de fe, de poesía…
    ¡Pero no sé qué atracción singular
    por aquellos misántropos de soledad beoda
    y lírica, que buscan en el fondo del bar
    las mentales caricias de su whisky con soda!

    Amado Nervo (1870-1919)
    Poesías completas
    Editora Latino Americana, México, 1957

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