Minucias del lenguaje - José G. Moreno de Alba, publicadas por el FCE.
LOS TRATADOS DE MITOLOGÍA nos presentan al dios Pan como un personaje idílico o, en el peor de los casos, como un demonio pintoresco. Es el dios de los pastores y se le representa como un genio, mitad hombre, mitad animal. Lleva dos cuernos en la frente, tiene el cuerpo velludo, sus miembros inferiores son los de un macho cabrío. Es ágil; sabe ocultarse en la maleza para espiar a las ninfas. Duerme deliciosas siestas en las horas calurosas del mediodía. Es una divinidad dotada de una actividad sexual considerable. Amó a la ninfa Eco y a la diosa Selene. Sus atributos son una siringa, un cayado de pastor o un ramo de pino en la mano. Las características que aparecen en las descripciones de Pan no se ajustan a las de un dios terrorífico. Sin embargo los diccionarios lo consideran origen del adjetivo griego latinizado panicus. Aunque, en principio, el adjetivo latino panicus significaba simplemente 'lo relativo al dios Pan', en español, también como adjetivo, pánico, además de referir al dios Pan -como en "venía por el camino, tocando en su flauta pánica una tonada enrevesada y arcaica, un viejo pastor de cabras" (Torrente Ballester)-, pasó a designar el miedo grande o terror muy intenso: "se multiplican los distintos afectos y reacciones del monarca: miedos pánicos, ayes y alaridos, lloriqueos" (Sáenz de Robles) [tomo los ejemplos del Diccionario del español actual, de M. Seco]. Desde muy temprano el uso adjetivo de pánico alterna con el empleo sustantivo ('temor repentino y extremo, generalmente irracional'), que hoy, sin duda, prevalece: "tres sujetos en estado de ebriedad sembraron el pánico", "que no cunda el pánico" (lugar común convertido por un cómico de la televisión en "que no panda el cúnico")... La relación entre el dios Pan y la acepción 'temor muy intenso', en la vigésima edición del DRAE (1984), estaba enunciada así: "del dios Pan, a quien atribuían los ruidos que retumbaban en montes y valles". Esta explicación etimológica no aparece ya en la edición de 1992.
        Los periódicos, al poner en la primera plana el consejo que en relación con los problemas económicos daba a la población el presidente de la República ("No se apaniquen"), han hecho relativamente famoso el verbo apanicar, que, aun cuando de manera esporádica, me parece que venía usándose desde hace algunos años en el español mexicano. Es obviamente un neologismo del que no dan cuenta todavía los diccionarios (ni generales ni de mexicanismos). Hay un tipo particular de derivados que, en los tratados de morfología, reciben el nombre de "parasintéticos". Están formados por tres elementos: un prefijo, una raíz o lexema y un sufijo (o ciertos gramemas). En los parasintéticos los tres elementos funcionan de manera simultánea; es decir, en la lengua no existen como formas libres ni el prefijo más la base ni la base más el sufijo: por ejemplo, en el parasintético envejecer interviene el prefijo en-, el lexema viejo y el sufijo -ecer. No existen en español ni *enviejo ni *vejecer, sólo envejecer. También hay numerosos parasintéticos en los que interviene el prefijo a-: aclarar, aconsejar, adueñarse, alumbrar, arrodillarse, arruinar...
        Las modificaciones semánticas que se operan en la base pueden expresarse mediante oraciones o paráfrasis: arruinar > 'hacer que alguien quede en la ruina'. Con estos mecanismos morfológicos es fácil incorporar neologismos en el léxico, es decir, formar nuevas palabras. Buen ejemplo, dentro del español mexicano, puede ser el verbo apantallar ('impresionar, asombrar a alguien'), del que deriva a su vez el adjetivo apantallante, y que está formado por el prefijo a-, la base sustantiva pantalla y el morfema -ar. Todos los mexicanos empleamos o, al menos, entendemos el verbo apantallar, a pesar de lo cual no aparece en los diccionarios; es un neologismo del español mexicano. Son también mexicanismos, aunque no tan nuevos, endrogarse ('endeudarse'), enmariguanarse, enchinar (el pelo), encuetarse ('emborracharse')... Todos ellos (y muchos más) están formados de conformidad con las reglas morfológicas de la lengua española. Creo que lo mismo sucede con apanicar, que significa algo así como 'poner a alguien en condiciones de (miedo) pánico'. Por otra parte, el que la voz esté formada canónicamente de ninguna manera garantiza que el neologismo pase a formar parte del léxico de todos los mexicanos (o de muchos de ellos). A alguien hace tiempo se le ocurrió formar la palabra apantallar, al paso del tiempo este neologismo tuvo éxito y hoy es voz común en México. Falta mucho para que pueda decirse lo mismo de apanicar.

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