Minucias del lenguaje - José G. Moreno de Alba, publicadas por el FCE.
HACE TIEMPO prometí volver sobre las curiosas reflexiones que hace más de cien años (en 1889) hizo don Antonio de Valbuena en relación con la decimosegunda edición del DRAE (1884). Señalé entonces que después de ocho entregas del célebre lexicón, en la vigésima de 1984 aparecían todavía muchas entradas, acepciones y definiciones en los mismos términos que habían motivado, un siglo antes, las inteligentes y simpáticas críticas del señor Valbuena. Véanse sólo tres nuevos ejemplos tomados de la letra c.
        En la entrada capear, como primera acepción, puede leerse hoy, igual que en 1884: 'despojar a uno de la capa, especialmente en poblado y de noche'. Cuando conoció esta definición, don Antonio se burló en particular de la última parte ("en poblado y de noche"), para lo cual no le faltaba razón pues no parece en modo alguno pertinente, como si el vocablo tuviera que cambiarse por otro si el robo sucede en descampado o de día. Hoy habría que agregar que no se usa la capa y que convendría suprimir por completo la acepción o al menos quitarla del primer lugar. Ignoro si en España, pero al menos en México el verbo capear significa también, además de lo que debería ser primera acepción ('hacer suertes con la capa al toro o novillo'), 'cubrir con clara de huevo batida (a la que se le incorpora la yema) algunos alimentos (chiles capeados, manitas de cerdo capeadas...)', acepción que convendría añadir.
        A pesar de que Valbuena señalaba, a mi juicio atinadamente, que capitoso es palabra que no se usa en ninguna parte, sigue apareciendo definida como 'caprichudo, terco o tenaz en su dictamen u opinión'. Si en el siglo XIX no se usaba este vocablo, hoy aún menos. La etimología que se le atribuye (capito, -onis) no parece tampoco señalar una relación semántica clara, pues ese vocablo en latín significa ciertamente 'cabezón', pero no necesariamente con el sentido de 'terco, obstinado' que cabezón puede tener en español. Parece, por ende, recomendable eliminar toda la entrada.
        Finalmente, otro ejemplo de esta actitud conservadora del DRAE. El perspicaz lexicólogo del siglo pasado señalaba la impropiedad de incluir en la entrada capón, en una sola definición, a los hombres y a los animales ('dícese del hombre y del animal castrado'), pues tenía razón cuando hacía ver, en relación con los hombres capones, que así dicho parecería que "hubiera uno de esa clase tras de cada esquina".
        En efecto, independientemente de que nunca he oído la expresión "hombre capón" y de que, felizmente, son muy pocos los que tienen esa desgracia, no cabe duda de que capón es muy común aplicarlo a los animales y, así, en la definición convendría hablar sólo de ellos.

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