Minucias del lenguaje - José G. Moreno de Alba, publicadas por el FCE.
TRANSCRIBO EN SEGUIDA DOS PASAJES DE LA NOVELA Por la calle de los anhelos (México, 1993) de Jenny E. Hayen:

        "Artemia desde luego quedaba descartada, ocupada en su eterno batallar con los mocosos y síguete con esto y con aquello; siempre panza y panza, chiche y chiche, cargue y cargue, talle y talle, planche y planche, guise y guise, cose y cose, barre y barre, corre y corre, y a grite y grite" [p. 142].

        Al menos aquí se la pasaba recorriendo casa por casa a plátique y plátique, bromea que bromea y a rise y rise, saludando a diestra y siniestra, como presidente en carro de desfile [p. 187].
        Aparecen en cursiva algunas expresiones que cualquiera reconoce y emplea (planche y planche, cose y cose...). La conjunción y, en estos casos, mejor que indicar adición o suma, tiene la función de manifestar cierta intensificación de la acción: planche y planche: 'plancha mucho'. Se trata de expresiones más propias de la lengua hablada que de la escrita, aunque no faltan en ésta, casi siempre remedando el habla coloquial. No cada expresión en particular sino la estructura de todas parece tener su origen en la de algunas antiguas locuciones fijas o semifijas, como las que aparecen en los dos textos siguientes, de autores decimonónicos:

        "Después dio la vuelta para allá y volvió a pasar entre vosotras sin que la vierais, hasta llegar mismamente a aquel árbol... Allí vi muchos angelitos que subían y bajaban corre que corre del tronco a las ramas y..." (Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta).

        "¡Y las campanas toca que tocarás!" (Clarín, La Regenta).

        Hay notables diferencias entre las construcciones de los dos primeros textos (siglo XX) y las de los textos inmediatamente transcritos (siglo XIX). Ante todo, puede verse en éstos una conjunción copulativa, bastante rara en nuestros tiempos, la conjunción que, la cual se ha cambiado en los textos del XX por y, que es la conjunción copulativa por antonomasia. Además, se observan en las locuciones que aparecen en los textos de Hayen (siglo XX) interesantes e importantes modificaciones formales en algunos verbos. Parece ser que en las locuciones más o menos fijas que aparecen en textos literarios del siglo XIX y principios del XX los verbos van siempre en indicativo (toca que tocarás, ríe que te reirás, cambia que te cambia...). Hay en cambio, en las locuciones de Hayen, verbos en subjuntivo (cargue y cargue, talle y talle, planche y planche, guise y guise...). Persisten algunos en indicativo (cose y cose, corre y corre...). Nótese que son los verbos de la segunda y tercera conjugación (con infinitivo en -er y en -ir) los que van en indicativo (cose y cose, corre y corre...). Tal vez sean precisamente éstos los que influyen en los de la primera conjugación (terminados en -ar: cargar, tallar, planchar, guisar...), haciendo que terminen en -e (como los de la segunda) y por ello dan la impresión de ir en subjuntivo: cargue, talle, guise... Para reproducir la estructura fónica de locuciones como corre y corre, se modifica el modo de los verbos de la primera conjugación: no talla y talla sino mejor talle y talle.
        Pueden verse otros fenómenos aún más interesantes. En las locuciones de Hayen -que, repito, reproducen con fidelidad estructuras frecuentes en la lengua hablada (en la mexicana, al menos)- aparecen formas verbales no canónicas, es decir que no se corresponden con la forma de los modelos de conjugación. Ése es el caso de las locuciones plátique y plátique y rise y rise. Me parece que, en estos dos casos, hay una contaminación, un cruce entre sustantivos y verbos. Por una parte, entre el sustantivo plática y el verbo platica (o platique), de donde resulta una curiosa voz esdrújula terminada en -e (plátique), que no puede analizarse ni como sustantivo ni como verbo sino como una rara mezcla de ambas categorías. Del sustantivo plática mantiene el acento esdrújulo y del verbo platicar, la terminación en -e: plática + platicar = *plátique. Por otra parte, más extraño es el caso de rise y rise. Es probable que la voz rise deba verse como una deformación del sustantivo risa, producto de la pretensión de construir un verbo "regular", derivado del sustantivo risa (risa > *risar), dado que el verbo canónico reír es irregular y la locución resultante no correspondería al esquema fónico de las demás: mejor que risa y risa o ríe y ríe, la extraña locución *rise y rise.

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