Minucias del lenguaje - José G. Moreno de Alba, publicadas por el FCE.
ENTRE LAS VARIAS ACEPCIONES que del adjetivo hechizo(a) consignan los diccionarios ('artificioso', 'postizo', 'falseado', 'práctica supersticiosa', etc.) no suele aparecer una que, al menos en varios países americanos, es muy cormún: 'lo que está hecho a propósito y con fin particular'. Hace poco vi que un mecánico hacía uso de una herramienta que se adaptaba con facilidad a diversos tipos de tornillos y tuercas; le pregunté que dónde podría adquirir yo una igual y me contestó que era hechiza, es decir, construida por él mismo para satisfacer determinadas necesidades de su trabajo, que no se vendía en almacén alguno.
        No faltará quien piense que se trata de un mero neologismo vulgar, de una voz inventada hace poco y que hoy es propia sólo de hablas populares. Nada más falso. El vocablo, con esta peculiar significación, aparecía en el célebre Diccionario de autoridades (primera mitad del siglo XVIII), donde se citaban escritores contestes tan ilustres como el propio Quevedo. Más aún, en el Vocabulario de romance en latín de Antonio de Nebrija, edición de 1516 revisada por el autor, hay la entrada hechiza, cosa hecha, vocablo cuya traducción al latín, según Nebrija, sería facticius. Este hechiza de Nebrija no tiene, creo, el sentido exacto que estoy comentando, sino más bien el de 'hecho según ley y arte', que se proporciona hoy como tercera acepción en el DRAE, pues facticius, quiere decir 'lo que se hace con arte y no naturalmente, lo artificial'. Probablemente de ahí derivó el significado de 'hecho a propósito' que, considerado arcaísmo por Isaías Lerner (Arcaísmos léxicos en el español de América), se encuentra en los clásicos.
        El adjetivo hechizo tiene actualmente en América, quizá como una evolución del sentido anterior ('hecho a propósito'), un muy particular significado: lo hechizo es lo que se hace a mano, lo que no es de fábrica. Ése es el preciso sentido con que frecuentemente se oye en el español mexicano. Sin embargo no sólo en México sino en varios países del continente americano se conserva este vocablo con esa peculiar significación. Lerner transcribe ejemplos argentinos ("lienzos crudos hechizos", Sarmiento), colombianos, chilenos, ecuatorianos, etc., aunque ciertamente con diversos matices semánticos, algunos de los cuales pueden distinguirse también en el actual español mexicano conviviendo con el más general de 'hecho a mano', como sería el de 'cosa mal hecha, falseada o imitada'.

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