Siete poemas para esta semana. Selección de Felipe Garrido

    Lunes, 26 de Abril de 2021. - Noticias sobre: Felipe Garrido

    Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria

     

    Lunes

    ¡Qué goce triste…!

    ¡Qué goce triste este
    de hacer todas las cosas como ella las hacía!
    Se me torna celeste
    la mano, me contajio de otra poesía.
    Y las rosas de olor,
    que pongo como ella las ponía,
    exaltan su color;
    y los bellos cojines,
    que pongo como ella los ponía,
    florecen sus jardines;
    y si pongo mi mano
    –como ella la ponía–
    en el negro piano,
    surje, como en un piano muy lejano,
    más honda la diaria melodía.
    –¡Qué goce triste este
    de hacer las cosas como ella las hacía!–
    Me inclino a los cristales del balcón,
    con un jesto de ella,
    y parece que el pobre corazón
    no está solo. Miro
    al jardín de la tarde, como ella,
    y el suspiro
    y la estrella
    se funden en romántica armonía.
    –¡Qué goce triste este
    de hacer todas las cosas como ella las hacía! –
    Dolorido y con flores,
    voy, como un héroe de poesía mía,
    por los desiertos corredores
    que despertaba ella con su blanco paso,
    y mis pies son de raso
    –¡oh ausencia hueca y fría!–
    y mis pisadas dejan resplandores.
    ¡Qué goce triste este
    de hacer todas las cosas como ella las hacía!

    Juan Ramón Jiménez (1881-1958)
    Antología poética.
    Losada, Buenos Aires, 1958 (2ª ed.)

    Martes

    El racimo inocente

    Así, como jugando, te acerqué el corazón
    hace ya mucho tiempo, en una primavera...
    Pero tú, indiferente, pasaste por mi vera...
    Hace ya mucho tiempo.
    Sabio de toda cosa, no sabías acaso
    ese juego de niña que cubría discreto
    con risas inocentes el tremendo secreto,
    sabio de toda cosa...
    Hoy, de vuelta a mi lado, ya mujer, tú me pides
    el corazón aquél que en silencio fue tuyo,
    y con torpes palabras negativas arguyo…
    Hoy, de vuelta a mi lado.
    Oh, cuando te ofrecí el corazón en aquella
    Primavera, era un dulce racimo no tocado
    el corazón... Ya otros los granos han probado
    del racimo inocente...

    Alfonsina Storni (1892-1938)

    Siesta

    Sobre la tierra seca
    eI sol quemando cae:
    zumban los moscardones
    y las grietas se abren...
    El viento no se mueve.
    Desde la tierra sale
    un vaho como de horno;
    se abochorna la tarde
    y resopla cocida
    bajo el plomo del aire...
    Ahogo, pesadez,
    cielo blanco; ni un ave.
    Se oye un pequeño ruido:
    entre las pajas mueve
    su cuerpo amosaicado
    una larga serpiente.
    Ondula con dulzura.
    Por las piedras calientes
    se desliza, pesada.
    Después de su banquete
    de dulces y pequeños
    pájaros aflautados
    que le abultan el vientre,
    se enrosca poco a poco,
    muy pesada y muy blanda.
    Poco a poco se duerme
    bajo la tarde blanca.
    ¿Hasta cuándo su sueño?
    Ya no se escucha nada.
    Larga siesta de víbora
    duerme también mi alma.

    Alfonsina Storni (1892-1938)
    Poemas
    Biblioteca del Congreso de la Nación
    Buenos Aires, 2017.

    Miércoles

    Sueño, si no tienes dueño

    Sueño, si no tienes dueño
    yo te puedo recoger;
    en mi vida hay siempre un sitio
    y te lo puedo ofrecer.
    Vengas de donde vinieres
    y vayas adonde vayas,
    hasta mí puedes llegarte
    soy de tu oleaje playa.
    Para los sueños yo tengo
    luz y calor naturales
    y para su sed un agua
    que brota de manantiales.
    Acércate a mí y reposa,
    sueño, si es que vas errante,
    que el reposar es alivio
    aunque sea de un instante.

    Concha Méndez

    Jueves

    Nuevo día

    Es que alguna mañana despertamos
    y ya no padecemos
    por lo que tanto ha muerto
    nos vamos poco a poco
    cubriendo en polvo de oro
    y abotonando el cuerpo
    como si aquella muerte
    también nos sostuviera,
    nos vemos hacia adentro
    desmoronándonos, pálidos,
    y no sabiendo cómo darle vuelta al anillo del mundo
    del mundo hacia el oriente,
    Es que alguna mañana padecemos
    la luz, como si fuera
    el día aquel en que empezamos
    a romper el silencio.

    Carmen Alardín (1933-2014)
    En Aurora Marya Saavedra,
    Las divinas mutantes. Carta de relación del
    itinerario de la poesía femenina en México
    UNAM, Praxis, IMC, Sogem, IPN, México, 1996.

    Viernes

    Abril es un temblor en la piel

    Abril despierta cada mañana desde el Este, se llena de cantos y de auroras, de uvas silvestres y caracolas.
    Abril está colmado de recuerdos; siempre comienza y nunca termina; no tiene límites y a su sombra los relojes jamás marcan la hora exacta.
    Abril es una palabra, una promesa, una sacudida violenta, un temblor de la piel.
    Abril es el mes en que brotan los nudos de los árboles y se cumplen todas las asignaturas del Universo.
    Abril ilumina al Norte y enciende a la pequeña bruja, la hace cantar y bailar alrededor del fuego del porvenir.
    Abril tiene el color de las prímulas y forma el nuevo rostro de Ljeschic.
    Abril es la pasión, el camino para recorrerla y el sitio para quedarse, porque la mitad del Paraíso está especialmente en Abril.
    Abril es tierno como la mano compañera, tibio como el lecho después del amor, huele a lluvia y a ramas de nogal.
    Abril tiene los afluentes de todas las canciones y está en medio de las estaciones, junto al libro del porvenir y los hechizos, entre los lápices y el desierto. (Acuérdate de Abril, recuerda...)
    Abril es una palmera azotada por la lluvia y un violento beso en plena cara de la tarde y con el Sol a cuestas.
    Durante Abril la emperatriz de Frankfurt sonríe pícaramente, pues Abril es el reencuentro y la falsa noche en que se cumplen los destinos.
    En Abril el sueño se disuelve en el sueño.
    Aparece de improviso Abril en cualquier vueltecita del viento para herir la memoria porque está colmado de esas pequeñas cosas.

    Joaquín Armando Chacón (1944)
    El Norte y los meses (1991)
    Gobierno del Estado de Chihuahua
    Programa Cultural de las Fronteras
    Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

    Sábado

    Enssienplo de los dos perezosos, que querían cassar con una dueña

    457 Dezir t'hé la ffasaña de los dos peresosos,
    Que querían casamiento é andavan acusiossos;
    Amos por una dueña estavan codycyossos,
    Eran muy byen apuestos é verás quán fermosos:
    458 El uno era tuerto de su ojo derecho,
    Ronco era el otro, coxo é medio contrecho.
    E el uno del otro avian grand despecho,
    Coydando que tenían su cassamiento fecho.
    459 Respondiólos la dueña qu' ella quería casar
    Con el más peresosso, aquel quería tomar;
    Esto desíe la dueña queriéndolos abeytar.
    Ffabló luego el coxo, cuydóse adelantar.
    460 "Señora", diz' "oydme primero mi razón:
    “Yo soy más peresoso que este mi compañón
    "Por peresa de tender el pié fast' el escalón,
    "Cay del escalera, fynqué con esta ligión.
    461 "Otrossy yo passava nadando por un ryo,
    "Fasía la syesta grant, mayor ome non vydo;
    "Perdíame de sed: tal peresa yo crío,
    "Que por no abrir la boca, perdy el fablar mío."
    462 Desque calló el coxo, dixo el tuerto: "Señora,
    "Chica es la peresa, que este dixo agora;
    "Desirvos hé la mía, non vi tal ningund ora,
    "Nin veer tal la puede orne, que en Dios adora.
    463 "Yo era enamorado d' una dueña en abryl;
    "Estando cerca della, sossegado é omyl,
    "Vynome á las narizes descendimiento vyl:
    "Por peresa de linpiarme perdy la dueña gentil.
    464 "Mas vos diré, señora: una noche yasía
    "En la cama despierto, é muy fuerte llovía;
    "Dávame una gotera, del agua que fasía:
    "En el mi ojo muy resia á menudo feria.
    465 "Yo ove grand peresa de la cabeca redrar;
    "La gotera, que vos digo, con su mucho rezio dar,
    "El ojo, de que soy tuerto, óvomelo de quebrar:
    "Devedes, por más peresa, dueña, conmigo casar".
    466 "Non sé", dixo la dueña, "destas peresas grandes,
    "Quál es la mayor dellas: anbos pares estades:
    "Véovos, torpe cojo, de quál pie coxeades;
    "Véovos, tuerto susio, que sienpre mal catades.
    467 "Buscad con quien casedes; ca dueña non se paga
    "De peresoso torpe nin que vilesa faga.
    "— Por ende, mi amigo, en tu coracón non yaga
    Nin tacha nin vylesa, de que dueña se despaga.
    468 Ffazle una vegada la verguenca perder,
    Porque esto faz' muncho, si la quieres aver:
    Desque una vez pierde verguenca la muger
    Más diabluras face de quantas orne quier'.
    469 Talante de mugeres ¿quién lo puede entender,
    Sus malas maestrías é su mucho malsaber?
    Quando son encendidas é mal quieren fazer,
    Alma é cuerpo é fama, todo lo dexan perder.
    470 Desque pierde vergüenza el tahúr al tablero,
    Sy el pellote juega, jugara el braguero;
    Desque la cantadera diz' ed cantar primero,
    Syenpre los pies le bullen é mal para el pandero.
    471 Muger mucho seguida, sienpre anda locana.

    Juan Ruiz, arcipreste de Hita
    Libro de Buen Amor
    Edición y notas de
    Julio Cejador y Frauca
    Espasa Calpe, Madrid, 1963 (9ª ed.)

    Ejemplo de los dos perezosos que querían casarse con una dueña

    457 Te diré de la hazaña de los dos perezosos
    que querían casamiento y estaban acuciosos;
    ambos por una dueña andaban codiciosos,
    eran muy bien plantados y verás cuán hermosos:
    458 el uno estaba tuerto de su ojo derecho;
    el otro era ronco, cojo y medio contrahecho.
    Y el uno y el otro se tenían gran despecho,
    creyendo cada uno que su boda era un hecho.
    459 Les respondió la dueña que ella quería casarse
    con el más perezoso; ese era el que quería tomar.
    Esto decía la dueña queriéndolos engañar.
    Habló luego el cojo, se esforzó por adelantarse.
    460 "Señora", dijo, "oídme a mí primero:
    “yo soy más perezoso que este mi compañón.
    "Por pereza de tender el pie hasta el escalón,
    "caí de la escalera, me hice esta lesión.
    461 "Otro día yo pasaba nadando un río,
    "hacía mucho calor, mayor nadie nunca lo ha visto;
    "me moría de sed: pero tal pereza yo crío,
    "que por no abrir la boca, perdí el hablar mío."
    462 Cuando calló el cojo, dijo el tuerto: "Señora,
    "chica es la pereza que éste dijo ahora;
    "voy a deciros la mía. Nunca he visto igual a ninguna hora,
    "ni la puede ver ninguno que a Dios adora.
    463 "Yo estaba enamorado de una dueña en abril;
    "estando cerca de ella, sosegado y humilde,
    "me vino por las narices una descarga vil:
    "por pereza de limpiarme perdí a la dueña gentil.
    464 “Voy a deciros más, señora: una noche yacía
    “en la cama despierto, y muy fuerte llovía;
    “una gotera me daba, por el agua que caía,
    “en mi ojo; muy recia, a menudo me lo hería.
    465 “Yo tuve gran pereza para la cabeza quitar;
    “la gotera que le digo, con su muy recio dar,
    “el ojo del que estoy tuerto, me lo tuvo que quebrar:
    “pues tengo yo más pereza, mi dueña, conmigo has de casar
    466 "Non sé", dixo la dueña, "destas peresas grandes,
    "quál es la mayor dellas: anbos pares estades:
    "véoos, torpe cojo, de cuál pie cojeades;
    "véoos, tuerto sucio, que sienpre mal catades.
    467 "Buscad con quien caséis; esta dueña no se conforma
    "con un perezoso torpe ni que vilezas haga.
    "— Así que, mi amigo, que tu corazón no acepte
    ni tacha ni vileza, que esta dueña las rechaza.
    468 Hazle por una vez la vergüenza perder,
    porque esto cuenta mucho, si la quieres tener:
    con una vez que pierda la vergüenza la mujer
    más diabluras hace que cuantas quiera el hombre.
    469 Talante de mujeres ¿quién lo puede entender,
    sus malas mañas, su mucho malsaber?
    Quando son encendidas y mal quieren hacer,
    alma y cuerpo y fama, todo lo dejan perder.
    470 Desde que pierde la vergüenza el tahúr en la mesa,
    si juega sus ropas, jugará el calzón;
    desde que la cantadera canta su primera canción,
    los pies le bullen siempre y no deja el pandero en paz.
    471 Mujer muy cortejada, siempre anda lozana.

    Versión de Felipe Garrido.

    Domingo

    Notas sobre poesía

    4/10
    El viaje inmóvil

    Decía Lao-Tse: “Sin traspasar uno sus puertas, se puede conocer el mundo todo; sin mirar afuera de la ventana, se puede ver el camino del cielo. Mientras más se viaja, puede saberse menos. Pues sucede que sin moverse, conocerás; sin mirar, verás; sin hacer, crearás.”
    He aquí descrita, en unas cuantas prudentes palabras, la fuerza del espíritu humano que, inmóvil, crucificado a su profundo aislamiento, puede amasar tesoros de sabiduría y trazarse caminos de salvación. Uno de estos caminos es la poesía. Gracias a ella, podemos crear sin hacer; permanecer en casa y, sin embargo, viajar.

    José Gorostiza (1901-1973)
    Cauces de la poesía mexicana, y otros textos
    UNAM / Universidad de Colima, México, 1988

     

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