Siete poemas para esta semana. Selección de Felipe Garrido

    Domingo, 07 de abril de 2019. - Noticias sobre: Felipe Garrido

    Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria.

    Lunes

    Elegía platónica

    Amo a un joven de insólita pureza,
    todo de lumbre cándida investido:
    la vida en él un nuevo día empieza,
    y ella en él cobra número y sentido.
    Él, en su cotidiano movimiento
    por ámbitos de bruma y gnomo y hada,
    circunscribe las flámulas del viento
    y el oro ufano en la espiga enarcada.
    Ora fulgen los lagos por la estría…
    Él es paz, en el alba nemorosa.
    Es canción en lo cóncavo del día.
    Es lucero en el agua tenebrosa…

    Porfirio Barba Jacob (1883-1942)
    Antorchas contra el viento
    Selección y prólogo de Elías Nandino
    Gatopardo, México, 1984

    Martes

    La caída

    Estábamos desnudos
    y éramos nosotros
    las cosas en el cuarto
    –el florero la mesa
    el agua el pan el vino–
    en un diálogo mudo
    hablaban un nosotros
    todo ardía de luz
    y se correspondía
    cuando dijiste “yo”
    y caímos desnudos
    como un saco de plomo
    en la múltiple oscura presencia de las cosas.

    Javier Sicilia (1956)
    Vestigios
    Ediciones Era, México, 2013

    Miércoles

    Los cinco sentidos

    1
    En el telar de la lluvia
    tejieron la enredadera
    –¡madreselva, blanca y rubia–
    de tu cabellera negra.

    2
    ¡Si el picaflor conociera
    a lo que tu boca sabe…!

    3
    Iluminados y oscuros
    capulines de tus ojos,
    como el agua de los pozos
    copian luceros ilusos.

    4
    Cuando te toco parece
    que el mundo a mí se confía
    porque en tu cuerpo amanece,
    desnudo pétalo, el día.

    5
    Por tu voz de mañanitas
    he sabido despertar
    de la realidad al sueño,
    del sueño a la realidad.

    *
    Nadie espere en el amor,
    si es amante verdadero,
    nada más que su calor
    en sí mismo prisionero;
    mas recuerde que no hay
    nada mejor llevadero
    para su propio gozar,
    que un amor buen marinero,
    desnudo, de cuerpo entero,
    y dispuesto a naufragar.

    *
    Que lo entiendan ignorantes
    o lo comenten los sabios,
    de color, sonido y forma
    están hechos nuestros labios.

    Bernardo Ortiz de Montellano (1899-1949)
    Material de lectura. Poesía moderna. 58
    Selección y nota
    de Manuel Fernández Pereda
    UNAM, México, s/f

    Jueves

    Creo en el hombre

    Porque nací y parí con sangre y llanto;
    porque de sangre y llanto soy y somos,
    porque entre sangre y llanto canto y canta,
    creo en el hombre.
    Porque camina erguido por la tierra
    llevando un cielo cruel sobre la frente
    y el plomo del pecado en las rodillas,
    creo en el hombre.
    Porque ara y siembra sin comer el fruto
    y forja el hierro con el hambre al lado
    y bebe un vino que el sudor fermenta,
    creo en el hombre.
    Porque se ríe a diario entre los lobos
    y abre ventanas para ver los pinos
    y cruza el fuego y pisa los glaciares,
    creo en el hombre.
    Porque se arroja al agua más profunda
    para extraer un náufrago, una perla,
    un sueño, una verdad, un pez dorado,
    creo en el hombre.
    Porque sus manos torpes y mortales
    saben acariciar una mejilla,
    tocar el violín, mover la pluma,
    coger un pajarillo sin que muera,
    creo en el hombre.
    Porque apoyó sus alas en el viento,
    porque estampó en la Luna su mensaje
    porque gobierna el número y el átomo,
    creo en el hombre.
    Porque conserva un cajón secreto
    una ramita, un rizo, una peonza
    y un corazón de dulce sus letras,
    creo en el hombre.
    Porque se acuesta y duerme bajo el rayo
    y ama y engendra al borde de la muerte
    y alza a su hijo sobre los escombros
    y cada noche espera que amanezca,
    creo en el hombre.

    Ángela Figuera Aymerich (1902-1984)
    Material de lectura. Poesía moderna. 59
    Selección y nota introductoria de Carmen Alardín
    UNAM, México, s/f

    Viernes

    Ojos primitivos

    En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.
    Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.
    Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.
    Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.
    Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

    Alejandra Pizarnik (1936-19729
    Material de lectura. Poesía moderna. 93
    Prólogo y selección de
    Miguel Ángel Flores
    UNAM, México, s/f

    Sábado

    Cuando yo digo amor

    Cuando yo digo amor
    identifico
    sólo una pobre imagen sostenida
    por gestos falsos,
    porque el amor me fue desconocido.
    Cuando yo digo amor
    sólo te invento
    a ti, que nunca has sido.
    Y cuando digo amor
    abro los ojos
    y sé que estoy en medio
    de mis brazos vacíos.
    Cuando yo digo amor
    sólo me afirmo
    una presencia impar
    como mi almohada.
    Cuando yo digo amor
    olvido nombres
    y redoblo vacíos y distancias.
    Cuando yo digo amor
    en una sala
    llena de rostros fútiles
    y pisadas oscuras en la alfombra.
    Cuando yo digo amor
    crece la noche
    y mis manos encuentran
    para su hambre doble y prolongada
    mi pobre rostro solo
    repetido por todos los rincones.
    Cuando yo digo amor
    todo se aleja
    y me asaltan mi nombre y mis cabellos
    y las hondas caricias no nacidas.
    Cuando yo digo amor
    soy como víctima.
    La inválida en salud.
    El granizo y la rosa paralelos.
    La dualidad del árbol y el paseante.
    La sed y el parco refrigerio.
    Yo soy mi propio amor
    y soy mi olvido.
    Cuando yo digo amor
    se me desploma
    la ascensión de las venas.
    Sobreviene un otoño
    de fugas y caídas
    en que yo soy el centro
    de un espacio vacío.
    Cuando yo digo amor
    estoy sin huellas.
    De porvenir desnuda
    e indigente de ecos y memoria.
    Cuando yo digo amor
    advierto inútil
    la palma de mi mano –que se convexa–
    e increíble
    ese girar soltero
    del pez en su pecera.

    Margarita Michelena (1917-1998)
    Material de lectura. Poesía moderna. 128
    Selección y nota de la autora
    UNAM, México, 1987

    Domingo

    Ser una casta pequeñez
    A Alfonso Cravioto

    Fuérame dado remontar el río
    de los años, y en una reconquista
    feliz de mi ignorancia, ser de nuevo
    la frente limpia y bárbara del niño...
    Volver a ser el arrebol, y el húmedo
    pétalo, y la llorosa y pulcra infancia
    que deja el baño por secarse al sol...
    Entonces, con instinto maternal,
    me subirías al regazo, para
    interrogarme, Amor, si eras querida
    hasta el agua inmanente de tu pozo
    o hasta el penacho tornadizo y frágil
    de tu naranjo en flor.
    Yo, sintiéndome bien en la aromática
    vecindad de tus hombros y en la limpia
    fragancia de tus brazos,
    te diría quererte más allá
    de las torres gemelas.
    Dejarías entonces en la bárbara
    novedad de mi frente
    el beso inaccesible
    a mi experiencia licenciosa y fúnebre.
    ¿Por qué en la tarde inválida,
    cuando los niños pasan por tu reja,
    yo no soy una casta pequeñez
    en tus manos adictas
    y junto a la eficacia de tu boca?

    Ramón López Velarde (1888-1921)
    La sangre devota
    Obras, ed. de José Luis Martínez.
    2ª ed., México, FCE, 1990

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