Siete poemas para esta semana. Selección de Felipe Garrido

    Lunes, 27 de enero de 2020. - Noticias sobre: Felipe Garrido

    Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria

     

    Lunes

    Gorgona

    ¡Ay amor, te lo advertí! Por qué dudas de la credibilidad de mis palabras cuando te dije que lo nuestro tenía que ser un amor ciego, te exterioricé mis sentimientos con la única condición de que no hurgaras mi alma a través de mis pupilas. En ellas sólo encontrarías destrucción. Tenía la esperanza de que juntos lográramos desafiar al oráculo y los dioses, pero el mito nos ha vencido y hoy yaces petrificado, reflejando en tu rostro todo el odio contra mí; mientras lloro tu curiosidad, aguardo a que llegue el hombre que, sin verme a los ojos sea capaz de hacerme perder la cabeza.

    Rita Stenner
    Las infinitas posibilidades de un lápiz.
    Ediciones Al Gravitar Rodando,
    Guadalajara, 2017

    Martes

    El abismo de los pájaros

    A esa hora en que todo espera a ser nombrado
    un pájaro oscuro alza su vuelo
    y seguro de sí mismo
    abre sus alas
    y con una sola pluma desteje a la noche,
    haciendo que de ella broten
    imágenes verdaderas,
    y nadie sabe
    si es el verbo el que hace que las piedras canten,
    o si es el pájaro oscuro el que se hace piedra
    al perder su vuelo.
    Y de repente todo se queda en silencio,
    como si nos hubiéramos olvidado de nuestros nombres,
    como si el pájaro oscuro se los hubiera comido.
             ¡Cantos orientales!
    Los cantos orientales hablan de una semilla que flota
    en el centro de la noche, se levanta y se detiene;
    amenaza el viento
    hasta que el pájaro detiene sus alas
    y vuelve a ser hombre.

    Leonarda Rivera (1984)
    El cazador sueña un león herido
    Ediciones Simiente / Simonía
    Estado de Morelos, 2019

    Miércoles

    Órdenes de amor

    ¡Ten piedad de nuestro amor
    y cuídalo, oh Vida!
    CARLOS PELLICER

    1
    Amor mío, embellécete.
    Perfecto, bajo el cielo, lámpara
    de mil sueños, ilumíname.
    Orquídea de mil nubes,
    desnúdate, vuelve a tu origen,
    agua de mis vigilias,
    lluvia mía, amor mío.
    Hermoso seas por siempre
    en el eterno sueño
    de nuestro cielo,
    amor.

    2
    Amor mío, ampárame.
    Una piedad sin sombra
    de piedad es la vida. Sombra
    de mi deseo, rosa de fuego.
    Voy a tu lado, amor,
    como un desconocido.
    Y tú me das la dicha
    y tú me das el pan,
    la claridad del alba
    y el frutal alimento,
    dulce amor.

    3
    Amor mío, obedéceme:
    ven despacio, así, lento,
    sereno y persuasivo:
    Sé dueño de mi alma,
    cuando en todo momento
    mi alma vive en tu piel.
    Vive despacio, amor,
    y déjame beber,
    muerto de ansia,
    dolorido y ardiente,
    el dulce vino, el vino
    de tu joven imperio,
    dueño mío.

    4
    amor mío, justifícame,
    lléname de razón y de dolor.
    Río de nardos, lléname
    con tus aguas: ardor de ola,
    mátame…
                   Amor mío.
    Ahora sí, bendíceme
    con tus dedos ligeros,
    con tus labios de ala,
    con tus ojos de aire,
    con tu cuerpo invisible,
    oh tú, dulce recinto
    de cristal y de espuma,
    verso mío tembloroso,
    amor definitivo.

    5
    Amor mío, encuéntrame.
    Aislado estoy, sediento
    de tu virgen presencia,
    de tus dientes de hielo.
    Hállame, dócil fiera,
    bajo la breve sombra de tu pecho,
    y mírame morir,
    contémplame desnudo
    acechando tu danza,
    el vuelo de tu pie,
    y vuélveme a decir
    las sílabas antiguas del alba:
    amor, amor-ternura,
    amor-infierno,
    desesperado amor.

    6
    Amor, despiértame
    a la hora bendita, alucinada,
    en que un hombre solloza
    víctima de sí mismo y ábreme
    las puertas de la vida.
    Yo entraré silencioso
    hasta tu corazón, manzana de oro,
    en busca de la paz
    para mi duelo. Entonces
    amor mío, joven mía,
    en ráfagas la dicha placentera
    será nuestro universo.
    Despiértame y espérame,
    amoroso amor mío. (1958)

    Efraín Huerta (1914-1982)
    Poemas prohibidos y de amor.
    Siglo XXI, México,
    segunda edición, 1987.

    Jueves

    La ofrenda

    Mi amada es una tierra agradecida.
    Jamás se pierde lo que en ella se siembra.
    Toda fe puesta en ella fructifica.
    Aun la menor palabra en ella da su fruto.
    Todo en ella se cumple, todo llega al verano.
    Cargada está de dádivas, pródiga y en sazón-
    En sus labios la gracia se siente agradecida.
    En sus ojos, su pecho, sus actos, su silencio.
    Le he dado lo que es suyo, por eso me lo entrega.
    En el altar, la diosa y el cuerpo de la ofrenda.

    Gabriel Zaid (1934)
    Seguimiento
    Fondo de Cultura Económica, México, 1964

    Viernes

    Práctica mortal

    Subir los remos y dejarse llevar
    con los ojos cerrados.
    Abrir los ojos y encontrarse
    vivo: se repitió el milagro.
             Anda, levántate y olvida
    esta ribera oculta
    en que has desembarcado.

    Gabriel Zaid (1934)
    México, El Corno Emplumado,
    núm. 18, abril de 1966.

    Sábado

    Para acompañarlos en nuestra marcha

    Ya no hay más que decir

    Ya no hay más que decir
    el mundo ya no es digno de la Palabra
    nos la ahogaron adentro
    como te asfixiaron
    como te desgarraron a ti los pulmones
    y el dolor no se me aparta
              sólo pervive el mundo por un puñado de justos
    por tu silencio y el mío
    Juanelo.

    Javier Sicilia (1956)
    Vestigios.
    Era, México, 2013

    Domingo

    Aún en vida un halo oscuro te rodeaba

    aún en vida un halo oscuro te rodeaba
    tu risa era la risa quebradiza del
        agua que cae sobre la roca
    tu cabello raíces incrustadas en un cielo sin nubes
    tus ojos dos pescados perdidos en
        busca de una isla
    si en ti me miro espejo en que se pierden
        mis manos como algas
    tú en cuál espejo ahora te disuelves
        se disuelve tu nombre y tu mirada
    sin dejar más rastro que un vago estremecerse
        sobre la piel de alguno
    y una súbita imagen inconexa que se presenta y borra
    muy pronto para siempre

    Isabel Fraire (1934-2015)
    México, Revista de Bellas Artes, núm. 9,
    mayo-junio de 1966.

     

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