Poema del día

Siete poemas para esta semana. Selección de Felipe Garrido

Martes, 09 de Julio de 2019
Por: Felipe Garrido

Siete poemas para esta semana. Selección de Felipe Garrido

Lunes


Poema


Todo poema
es su propio borrador.
El poema es sólo un gesto,
un gesto que revela lo que
no alcanza a expresar.
Los poemas
de perfectísima factura,
los más grandes,
son exclusivamente
un manotazo afortunado.
Todo poema es infinito.
Todo poema es el génesis.
Todo poema nuevo
memoriza el futuro.
Todo poema está empezando.


Eduardo Lizalde (1929)
La zorra enferma
Joaquín Mortiz, México, 1975
Premio Nacional de Poesía


Martes


Insomne


Voy por el puente,
miro el Ajusco tibio como la tarde,
escucho su corazón en la punta más alta del horizonte,
entre el espesor
y el asombro de la transparencia.
Desde el dolor que soy miro mi sombra,
abandonada en el silencio,
perdida en el compás,
gravitando en el puente,
disuelta en nubes
que juegan a llevarme
insomne
a su destino.


Mariángeles Comesaña (1948)
En Inédito diamante. 5 poetas mexicanas
Selección y prólogo de Eduardo Mejía
Ediciones Ikygai, México, 2018


Miércoles


A una flor

A mi buena amiga
la señorita Rosario Peña

¿Cuando tu broche apenas se entreabría
para aspirar la dicha y el contento,
te doblas ya y, cansada y sin aliento,
te entregas al dolor y a la agonía?
¿No ves, acaso, que esa sombra impía
que ennegrece el azul del firmamento
nube es tan sólo que al soplar el viento,
se dejará de nuevo ver el día?...
¡Resucita y levántate!... Aún no llega
la hora de que en el fondo de tu broche
des cabida al pesar que te doblega.
Injusto para el Sol es tu reproche,
que esa sombra que pasa y que te ciega,
es una sombra, pero aún no es la noche.


Manuel Acuña (1849-1873)
Obras: poesía y prosa
Edición, prólogo y notas
de José Luis Martínez
Instituto Coahuilense de Cultura,
México, 2000


Jueves


Paciencia


Dame paciencia. Otórgame el tino de la noche que abraza sutil la violencia de la luz. Toque su mano sabia la ansiedad de los fierros que se baten a sangre abierta en la guerra del tiempo. Debo aprender a ser oleaje calmo, espuma que acaricia tus plantas para que el día camine diáfano por el puente que lleva de tu mirada a la mía. ¿Cómo ser ese ritmo que detiene el reloj y lo convierte en mariposas blancas? ¿Cómo alentar la marcha del venado que me come los huesos? Di la palabra exacta para escribir mi nombre en hilos que desenredan agua en vez de fuego. Torna la causa en cauce por donde pueda ir hasta el final donde la luz habita.


Carmen Villoro (1958)
La jícara. Antología de
poetas de México
Leviatán,
Buenos Aires, 2014


Viernes


El lagarto


Yo soy el lagarto que enrosca la cola
para engañar sus propias soledades,
y sino puedo decir
“el viudo, el desolado”
sí digo:
el que mueve la tramoya de la nada,
el que abraza su bodoque de vacío,
el que agita las copas inalcanzables
de los pinos
y las pérgolas dialógicas del viento,
el que habita el vértigo del hijo anónimo,
el competidor solitario en el areópago,
el árbol unigénito en la tierra;
no soy casto,
me pierdo en la maraña de mi oscuro dédalo,
en los encajes negros
y en las escamas adhesivas de mis ojos,
soy atribulado replicante,
llevo el estigma del murciélago
como un sello de cera,
como una marca de agua
en las arenas tatuadas de mi entraña;
anhelo los almíbares de carnosos labios,
rojos y brillantes cual cerezas de Lisboa,
hundir mis dilatadas yemas
en las serranas redondeces de la carne;
no lloro, no pido compañía,
abro la boca y digo asma,
digo bostezo,
digo espasmo,
muevo al paquidermo
tumbado en lecho de arena interminable,
digo el relato carmesí de mi deseo,
demiurgo infecto digo,
digo nada,
derrumbe,
indiferencia, sueño…
llanto de serrucho ofrezco,
aserrín de mis ojos esparcido en la piquera,
huácara alquitrán de catrín
o saltimbanqui,
huácara cantábile y tango de arrabal
de Aníbal Troilo,
perlas de naftalina,
una tos y perlas de éter,
las perlas de la virgen,
vaselina barata de botica
para rizar del dandy el ralo rulo
y las cerdas hirsutas del copete,
el verde ardor rabínico del rabo…
las cerdas felizmente tienen cerdos,
las barraganas barrigonas
divulgan entre los gentiles
la alta cultura de sus lonjas,
la poligrafía voluptuosa de sus pechos,
la expansiva sapiencia del palmito…
yo sólo digo lo que digo,
soy el que duerme solo,
el duermevela,
el guardagujas de la niebla
y la noche preterida,
el que desliza una gota de sal
sobre el incordio de la madrugada
porque no puede decir:
“yo soy el viudo, el desolado”,
el que dice “mi fiel y dulce compañía”
y acaricia su cola divina de lagarto…


Eudoro Fonseca (1956)
De “Una brasa en el desierto”,
En Cordillera de sombras
UNAM, México, 2000


Sábado


La respuesta de Dios


Acomodo espejos para verme la espalda.
Es mi correspondencia en límite con el espacio
y no la conozco;
sin embargo, todos los demás,
hasta los gatos,
se apodera de mi yo por la espalda.
La espalda de uno es como la respuesta de Dios,
siempre observándonos, formando parte sin ser visto
presentido
observado por los demás, como el Dios del otro
el ajeno.
Dios es la espalda que se mira en el de enfrente,
del que uno especula del que nada se sabe,
al que se le guarda una prudente distancia por la calle,
la silueta recortada de la noche
que de improviso gira como un trompo
y muestra ser sólo espalda.
El mero espejismo de un encuentro.


Marianne Toussaint (1958)
De “Provincias de la noche”,
En Cordillera de sombras
UNAM, México, 2000


Domingo


Ventana sur


Por la ventana que da al sur
los ojos de la noche me miran.
Cuánto lamento abrir mi corazón
en el silencio relativo del mundo
cuando se acaba el día.
Donde seres inamovibles han llegado
por inercia a la noche
difumándose en la nada
oyendo al viento oscuro
su indescifrable nombre.
La boca de la noche me traga,
se precipita por la ventana del recuerdo
por este amargo devenir de las cosas.
No hay nada más cierto ahora
que este deseo de verte
de fundirte en la sombra feroz que me amontona.
Amarga soledad que tiene miedo de enclaustarse
acaso sea cómplice de la paciencia
de la absoluta calma y el deseo.
Vaya verso extraño
que me araña la sangre.


Dolores Guadarrama (1958)
De “Febrero se cuelga de mis ojos”,
En Quinteto para un pretérito.
Instituto Chihuahuense de la Cultura
Chihuahua, 2000


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