Poema del día

Siete poemas para esta semana. Selección de Felipe Garrido

Lunes, 20 de Abril de 2020
Por: Felipe Garrido

Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria

Lunes

Del árbol

I
Entre las ramas del árbol
veo un pobre gorrión perdido
que tiembla bajo la lluvia
si arrecia el frío.
Tiembla cuando el viento exige,
porque no hay hembra y no hay nido.
Tiemblan de viento sus alas,
de mi ventana lo miro.
No dejemos de cantar,
pájaro amigo.

II
Bajo de un árbol yo tuve
sus pechos ante mi vista,
el mundo habita en su aroma:
esférica simetría.
Para el tacto eran dos frutos,
¿eran dos limas?
Delicados y serenos
en su delicia,
ella me dejó besarlos,
hermosa y tímida.

Eduardo Langagne (1952)
Verdad posible
FCE, México, 2014

Martes

Sabia virtud de conocer el tiempo;
a tiempo amar y desatarse a tiempo;
como dice el refrán: dar tiempo al tiempo,
que de amor y dolor alivia el tiempo.
Aquel amor a quien amé a destiempo
martirizome tanto y tanto tiempo
que no sentí jamás correr el tiempo
tan acremente como en ese tiempo.
Amar queriendo como en otro tiempo
–ignoraba yo aún que el tiempo es oro–
cuánto tiempo perdí –ay– cuánto tiempo.
Y hoy que de amores ya no tengo tiempo,
amor de aquellos tiempos, cómo añoro
la dicha inicua de perder el tiempo.

Renato Leduc (1897-1986)
Poesía y prosa de Renato Leduc
Diana, México, 1985

Miércoles

Elogio del Vampiro

Para qué perseguirlo,
clavarle una estaca de madera,
condenar de antemano su apetito,
lamentar su presencia en nuestra vida:
el Vampiro no pasa
si nosotros no abrimos la ventana.
Escucha su canción,
no sólo desde el páramo o el bosque:
en el agua turquesa de los trópicos,
en los cuartos de hoteles,
en la tela de loro del mercado,
dondequiera que el hombre reconoce
el brillo de otro cuerpo y necesita
el marfil del Vampiro en su garganta.
Inocente, el Vampiro:
le decimos que es cruel cuando nos hiere,
e invocamos a Dios cuando el diluvio
que nuestra propia sangre ha conjurado
mantiene a la deriva hasta los muebles,
a pesar de las leyes y de Newton.
El Vampiro es tan bello
que el azogue se niega a reflejarlo.
Si su sombra te alcanza,
olvidarán tu nombre los espejos,
pero hallarás un eco en la hermosura
de quien has elegido como doble.
Quisiera amar la luz, pero ya sabe
que el amor sabe a sombra perseguida,
al vahído final de los ahorcados,
a todo lo que termina en arrebato.
Ábrele tu ventana.
Cuando pruebes su vino,
sentirás que la vida se prolonga
y el agua de sus copas es de vidrio.
Acepta sus mentiras:
nunca estarás más vivo que en sus brazos.
*
Y jamás le reproches su abandono.
Te mordió porque es bestia,
y su sed es la sed del mar vencido
que mitiga su rabia con naufragios;
su pasión, la del niño traicionado
porque el reino se pierde.
No pienses en que dijo “para siempre”:
el huracán no deja un tronco entero
ni cambia sus azotes por caricias.
Si de algo te sirve, los vampiros
aman sólo a los fuertes y a los locos,
pero nada los ata.
Dirás que nunca más, que ya no quieres.
El vampiro es un vicio refinado
y esperará, paciente, tu retorno.

Vicente Quirarte (1954)
Material de lectura. Poesía moderna. 198
Selección y nota introductoria de
Eduardo Casar
UNAM, México, 1998

Jueves

Las azoteas…

Las azoteas son un álbum familiar
con antenas de televisión oxidándose al sol
máquinas para hacer ejercicio
carreolas
plantas invisibles que crecen
a la sombra del paso de los días
de las tormentas
de las tardes.
Los techos de las casas, microorganismos
una especie de diccionario de lo que hemos sido
y el afán nuestro de seguirlo siendo
en el ritual del insecto que se muere.
Para no perdernos
para no sentir
el sobresalto de los meses
encharcados en botellas.
Para negar que morimos cada día
en las cosas que tuvimos.

Gabriela Aguirre Sánchez (1977)
Premio Nacional de Poesía Joven
de México. Treinta años
Selección, nota introductoria y
prólogo de Eduardo Langagne
y Juan Domingo Argüelles
Fondo Editorial Tierra Adentro

Viernes

Azoteas

a Fabio Morábito

1
Me entrego a la azotea,
a su llanura gris,
a su suelo polvoso,
a su modestia.
Las ramas de los árboles
dejan caer aquí sus sombras,
el vecindario sus rumores,
el vuelo de las aves su silencio.
Frente a lo que nos separaba
nos unía el vacío;
el vértigo nos llenaba
de placer y de miedo.
Recuerdo a Yolanda,
la pequeña sirvienta
y cómo nos acodábamos,
al borde del abismo.

2
La azotea no tiene barandal,
es un balcón salvaje.
Quien sube a la azotea se contagia
de espacio y lagartijas, de ocio y telarañas;
en las azoteas descansan las palomas,
la ropa se asolea, toma una pausa el agua.
Las azoteas derrotan las paredes,
vuelven piso el techo de la casa.
En las azoteas florecen las albercas,
los deseos; toda azotea es Arabia.
Son para el sol las azoteas,
son para la lluvia y para la distancia;
son para el cielo azul las azoteas;
quien sube a una azotea se contagia.

Antonio del Toro (1947)
Poesía reunida.
UNAM, México, 1999.

Sábado

La palabra inmóvil

Amor, fuera olvidarte como perder los ojos,
cegar frente a los verdes más claros de la vida,
caer en el invierno con un sueño encerrado
sepultando los brotes de la flor del prodigio.
Desconocer las formas que anidaron el tacto,
ignorar la sonrisa que prepara la aurora
en los húmedos labios terrenales;
no haber sentido nunca ese punto celeste
en el que culminaron los pasos de la sangre.
Amor, fuera olvidarte como abrazar un río desde su nacimiento,
y sólo rescatar para la muerte una frente de polvo,
una carta perdida o el cadáver de un árbol.
En el pecho inocente del amor cabe todo:
ángeles y demonios, rosas y lejanías,
resurrecciones tristes y el crimen y el milagro.
Todo cabe en su hondura,
menos esa palabra de sueño sin columnas,
–desierto sin arenas, mar sin agua–
palabra inmóvil de vacía muerte:
ni ausencia, ni dolor, ni abismo… ¡nada!
El olvido, amor mío, es palabra maldita,
que retorna a lo informe, al origen de sombra,
disolviendo la huella de la luz traicionada.
¿Cómo olvidar el aire y el agua de tu nombre?
¿Cómo olvidar la tierra y el fuego de tus manos
y el rostro de la piedra de tu rostro?
No importa la presencia, la soledad no importa,
ni los arcos de niebla que crucé por hallarte.
Amor, el victorioso latido de tu esencia
desde lo más profundo de mi ser se levanta.

Aurora Reyes (1908-1985)
Material de lectura. Poesía moderna. 179
Selección y nota introductoria de
Roberto López Moreno
UNAM, México, 1994

Domingo

Acto amoroso

:dos se miran uno al otro
hasta que son irreales
entonces
cierran los ojos
y se tocan uno al otro
hasta que son irreales
entonces
guardan los cuerpos
y se sueñan uno al otro
hasta que son tan reales
que despiertan:
dos se miran…

Desiderata

deseo lo que no tengo
(no tu cuerpo que abrazo)
deseo tu deseo

deseo que desees lo que no tienes
(no mi cuerpo que abrazas)
deseo que desees mi deseo

no deseo a quien no desea mi deseo
no deseo a quien no desee que yo desee su deseo

Ulalume González de León (
Material de lectura. Poesía moderna. 131
Selección y nota de
Rubén Bonifaz Nuño

 


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