Minucias del lenguaje - José G. Moreno de Alba, publicadas por el FCE.
ALGUIEN PODRÍA PENSAR que el sustantivo contralor es un neologismo propio de la jerga administrativa y burocrática y que sustituye innecesariamente a controlador. Puede por ello tener algún interés el resumir de manera breve la historia de ambos vocablos.
        El vocablo control, procedente del francés contrôle, entró hace relativamente poco tiempo en el léxico español. Ello sucedió probablemente a mediados del siglo XIX, y no fue sino ya bastante entrado este siglo cuando el DRAE lo incorporó, asignándole varios sentidos ('comprobación', 'dominio', 'oficina donde se controla'). Además de control, aparecen ahora registrados y definidos los derivados controlar ('ejercer el control') y controlador ('que controla').
        Contra lo que pudiera pensarse, la voz contralor es mucho más antigua. Ciertamente procede también del francés (contrôleur), pero su documentación en español es varios siglos anterior a la de control. En la España del siglo XVI (a juicio de Ángel Rosenblat, precisamente en la corte de Carlos V), el oficio del contralor de la casa real, de carácter honorífico, consistía en intervenir "las cuentas de los gastos, las libranzas, los cargos de alhajas y muebles", dice el DRAE. Ahí mismo se nos indica que la designación de contralor era propia de la etiqueta de la casa real de Borgoña y que al que desempeñaba este cargo se le llamaba, según la etiqueta de la de Castilla, veedor.
        Aunque en España prácticamente han desaparecido los contralores y las contralorías, varios países de América, México entre ellos, los conservan. Como puede observarse, la voz contralor (y sus derivados) pueden ser vistos como americanismos y en algún sentido como arcaísmos -relativos al menos, es decir, desde el punto de vista del hispanohablante europeo-, ya que se trata de voces hoy inexistentes en España y vigentes todavía en algunos países de este continente.
        Cuando hace algunos años fue instituida, no a todos gustó en México la Secretaría de la Contraloría (me refiero al nombre). Creo que el rechazo se debe más al sintagma completo que al vocablo contraloría.
        Uno se pregunta si no sería más eufónico (y práctico) hablar simplemente de la Contraloría (y de Contralora) y no de la Secretaría de la Contraloría (y de la secretaria de la Contraloría). Supongo que en ello pensaron también los que la inventaron, pero se habrán visto obligados a ponerle tan cacofónico nombre porque debía quedar enfáticamente señalado que tal dependencia quedaría situada precisamente en el nivel de las secretarías de Estado (menos mal que la Procuraduría no es una secretaría).

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