Poema del día

Siete poemas para esta semana. Selección de Felipe Garrido

Lunes, 12 de Abril de 2021
Por: Felipe Garrido

Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria

Lunes

El ataque de Celaya

Y en mil novecientos quince,
Jueves Santo en la mañana,
salió don Francisco Villa
de Torreón para Celaya.
Salen todos los dorados
de Saltillo a Paredón,
iban con rumbo a Celaya
y a combatir a Obregón.
Por la derecha e izquierda
iban las caballerías,
por el centro de la tropa
iban las infanterías.
Cuando llegan a los trenes
llegaron encarrerados,
y Villa los defendió
con su escolta de dorados.
¡Ay, los dorados de Villa
que siempre andaban con él!
Unos tiraban balazos
y otros quitaban el riel.
¿Quién era Canuto Reyes
que se hallaba en Cerro Gordo?
Les gritaba a sus soldados:
“Ora valientes, a bordo.”
Gritaba Francisco Villa
debajo de un tejocote:
“El primer plan que me hicieron:
los tanques de chapopote.”
Decía Patricio Galindo:
“Está muy mala la cosa,
están cayendo soldados
del batallón Zaragoza.”
Vuela, vuela, palomita,
vuela, vuela, mariposa,
la primera contraseña
era un trapo color de rosa.
¡Ay, qué combate tan fuerte!
señores, daba temor,
pero más fuerte se oía
el redoble de un tambor.

Ese tambor que se oía
era de los carrancistas,
era cuando combatían
a los valientes villistas.
¡Ay, qué combate tan fuerte!
yo nunca lo había mirado,
la segunda contraseña
era un trapo colorado.
El coronel Jesús Ríos,
que nunca se hacía a la orilla,
era el jefe de la escolta
del general Pancho Villa.
Decía Benito Contreras:
“Me son terribles las horas;
están cayendo villistas
por las ametralladoras.”
Gritaba Francisco Villa:
“Muchachos, hemos perdido,
miren cómo están pasando
los trenes llenos de heridos.”
El general Obregón
dijo con mucho coraje:
“Ya me acabaron los yaquis
en este rancho del Guaje.”
Gritaba Francisco Villa
con sus fuerzas insurgentes:
“Vamos a reconcentrarnos
a ciudad de Aguascalientes.”
Corre, corre, maquinita,
no me dejes ni un vagón,
vamos a reconcentrarnos
a los centros de Torreón.
Vuela, vuela palomita,
al templo a rezar un rato,
por los seres que murieron
en Celaya y Irapuato.
Date gusto vida mía,
antes de que yo me vaya,
ya les canté a mis amigos
el ataque de Celaya.

Anónimo
Vicente T. Mendoza (1894-1964)
El corrido de la Revolución Mexicana,
FCE, México, 1956.

Martes

Flor

¿Cómo se hizo la flor? ¿Subió la cuesta
vertical de su tallo y un gran día,
para hacer del jardín la apología,
explotó con sus pétalos de fiesta?
¿Cómo se hizo la flor? ¿Fue la inmodesta
expresión de la eterna poesía,
que convirtió, derroche de ironía,
el polvo de los muertos en respuesta?
¿Es tan sólo la antífona del fruto
que canta primavera en su proceso?
Yo pienso que la flor es el minuto 
bajado del azul, cálido beso
con que saludan desde lo absoluto
los niños que se mueren sin regreso.

Griselda Álvarez (1913-2009)
Galería de gobernadores del soneto.
Introducción, selección y notas
de Otto Raúl González
Instituto Mexiquense de Cultura,
Toluca, 2002.

Miércoles

Estar dentro de ti se me figura

Estar dentro de ti se me figura
como el punto final de la belleza.
No sé si es la humedad o la tibieza
de toda tu recóndita textura.
Vendrá después la insólita tristeza
de tener que salirme de tu hondura
calado de sudor y de bravura
temblando de los pies a la cabeza.
Ahora estamos en paz o no lo estamos
tus miradas son cálidas y altivas
y nos decimos cosas que callamos.
Las desnudeces son las notas vivas
de la destreza con que nos amamos
patrona de las muertes sucesivas.

José María Fernández Unsaín (1918-1997)
En Galería de gobernadores del soneto.
Introducción, selección y notas
de Otto-Raúl González
Instituto Mexiquense de Cultura, Toluca, 2002.

Jueves

Gentilísima flor

Cabe el mármol de Paros, junto al higo,
gentilísima flor, coral agreste,
era más frágil su purpúrea veste
nacida en soles a mitad del trigo.
Aprisionó su cáliz enemigo
la luz meridional, la luz del este,
tal quiero a tu cuidado manifieste
la tersa claridad que va conmigo.
Tembloroso girón, corona umbría.
Arrancada a la sien de la montaña,
su acontecer de fuego, su lirismo
embriagaron mi alma, ¡oh armonía
de los campos de Italia! ¡oh el abismo
que nos separa de la edad pagana!

Carmen de la Fuente (1915-2013)
En Galería de gobernadores del soneto.
Introducción, selección y notas
de Otto-Raúl González
Instituto Mexiquense de Cultura, Toluca, 2002.

Viernes

Canción de otoño

“¿Conoces tú el país?...” Goethe

Repitamos con tono de balada muy vieja:
“Cómo volver ahí, cómo volver.”
Puedo volver, amigo, al país más lejano.
Fácil serpiaver la nieve y los ciruelos.
Pero enséñame, dime el intacto camino
que me llevó al lugar de nuestro encuentro.
Llévame a los hondos pasillos de la casa
en que estuvimos con frío aire de otoño.
¿Cómo volver ahí, cómo volver?
Podemos caminar la tierra entera.
Cansados de buscar, preguntaríamos
“¿Cómo volver ahí, cómo volver
al lugar que está sólo a unos pasos
de aquí, conoces tú el camino?”
Ahí nosotros solos, los fugaces,
entre el muro real, la tarde eterna,
estuvimos hablando de los libros
preferidos, oyéndonos las voces.
Cómo volver ahí, cómo volver,
si ya el pasillo está lleno de polvo
y he visto ya mi alma totalmente
y no entro en mí como en un parque oculto.
Más que un amor que no es correspondido
o el futuro que mira un moribundo,
lo imposible es la casa en que estuvimos,
y cómo a mí me sonaban tus palabras.
Cómo volver allí, cómo volver
a imaginar siquiera lo que fuimos,
la extraña adolescencia, los encuentros,
y los juegos más graves que la frívola vida.
Oh y los muros estaban como un hecho
irrefutable, más allá del deseo
de mis ojos fugaces y distintos!
La casa, sí, sólo un amargo engaño,
era frágil, mortal como los sueños.
Nosotros, los fugaces, los despiertos
¿cómo podemos di, volver ahí?
Puedo volver, amigo, al país más lejano,
al país de la nieve y los ciruelos.
¿Mas dónde quedó tu traje oscuro,
tus palabras y el ruido del otoño?
Puedo mirar a la verdad, los ángeles.
¿Mas aquella mentira en que creímos,
con ácida pureza, en los días secretos?
Puedo soñar el suelo más distante.
¿Qué quedará más lejos que la tarde
que acaba de pasar, parque encantado?
¿Conoces tú el país en que se vuelve?
Y sin embargo escribo sobre su polvo “siempre”.
Yo digo siempre como el que dice adiós.

Fina García Marruz (1923)
Antología poética.
Editorial Letras Cubanas,
La Habana, 1997.

Sábado

Para hacer funcionar a las estrellas…

Para hacer funcionar a las estrellas es necesario apretar el botón azul.
Las rosas están insoportables en el florero.
¿Por qué me levanto a las tres de la mañana mientras todos duermen? ¿Mi corazón sonámbulo se pone a andar sobre las azoteas detectando los crímenes, investigando el amor?
Tengo todas las páginas para escribir, tengo el silencio, la soledad, el amoroso insomnio: pero sólo hay temblores subterráneos, hojas de angustia que aplastan una serpiente en sombra. No hay nada que decir: es el presagio, sólo el presagio de nuestro nacimiento.


Me preocupa el televisor…

Me preocupa el televisor. Da imágenes distorsionadas últimamente. Las caras se alargan de manera ridícula, o se acortan, tiemblan indistintamente, hasta volverse un juego monstruoso de rostros inventados, rayas, luces y sombras como en una pesadilla. Se oyen las palabras claramente, la música, los efectos de sonido, pero no corresponden a la realidad, se atrasan, se anticipan, se montan sobre los gestos que uno adivina.
Me dicen que un técnico lo arreglaría en dos o tres días, pero yo me resisto. No quiero la violencia: le meterían las manos, le quitarían las partes, le harían injertos ominosos, trasplantes arriesgados y no siempre efectivos. No volvería a ser el mismo.
Ojalá que supere esta crisis. Porque lo que tiene es una fiebre tremenda, un dolor de cabeza, una náusea horrible, que lo hacen soñar estas cosas que vemos.

Jaime Sabines (1926-1999)
Recuento de poemas 1950-1993.
Joaquín Mortiz, México, 1997.

Viernes

En vida mía

Este límpido frío vivo
Esta luz blanca y centellante
Y este leve orden claro
Posado sobre el rostro de estas calles
Como una fiel sonrisa favorable
Dentro de mí tan tierna
Tan inocente como el primer día
Se rebulle despierta la de siempre
La dichosa emoción engatusada
La dulce retozona la cachorra.

Tomás Segovia (1927-2011)
Antología de poesía amorosa.
UNAM, México, 2015.


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