Poema del día

Siete poemas para esta semana. Selección de Felipe Garrido

Domingo, 26 de mayo de 2019
Por: Noticias

Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria.

Lunes

Mediumnidad

Antrum adjuvat vatem

Si mis rimas fuesen bellas,
enorgullecerme de ellas
no está bien,
pues nunca mías han sido
en realidad: al oído
me las dicta… ¡no sé quién!
Yo no soy más que el acento
del arpa que hiere al viento
veloz, 
no soy más que el eco débil,
ya jubiloso, ya flébil,
de una voz…
Quizá a través de mí
van despertando entre sí
dos almas llenas de amor,
en un misterioso estilo,
y yo no soy más que el hilo
conductor.

Amado Nervo (1870-1919)
Poesías completas
Editora Latino Americana, México, 1957

Martes

[Tres para Tijuana]

1/3 El mar no es cierto

Si lo miras desde el cielo
el mar no es cierto,
sólo es un color inmenso
que se mueve en las orillas,
no al centro.
Es un gran tapete pausado
y nunca pisado.


2/3 Inglés para todos

para Lola

En esa maquiladora sí que son buenas gentes.
Ahí, aparte de mis diez horas de trabajo normal,
me dejaban quedarme otra hora y media más para tomar
unas clases de inglés gratis.
A mí me gustó mucho eso de saber cómo se dicen
esas palabras tan raras que dicen los jefes
y que ninguno de nosotros entiende.
Hasta ni me importaba llegar por la noche a mi casa
y dormir sólo una que otra hora diaria.
Mi maestra es una muchacha muy joven
que nos trata muy bien
y que es paciente.
Todos somos medio cabezones,
pero ella nos ayuda a aprender.
Nos hizo una prueba y yo fui
la que salió mejor de todos.
Ella se puso muy contenta y hasta me felicitó.
Uno de los jefes se enteró y como que no le pareció.
Yo quería estudiar para ser alguien.
Se dieron cuenta que estábamos aprendiendo de verdad,
que no éramos tan cabezones y a ella mejor la despidieron.
Me dio mucha tristeza por la profe.
Me había caído bien.


3/3 Sé que el mar…

Sé que el mar está ahí
pero no lo veo.
Tal vez a él
como a mí
la noche le dio miedo.

Laura Jáuregui Murueta (1976)
Lo que hay afuera. Visiones poéticas
Proyecto Editorial Existir, 2002,
Tijuana, 2002

Miércoles

¿Por qué duelen tanto los pies?
(Con ritmo de vals)

Cómo se pasa la vida, tan callando,
cómo se nos viene la muervida de manicuro
en pedicuro, de pedicuro con soplo
en manicuro que a veces no tiene soplo
y no sabe cómo dar luz y salir de las tinieblas,
cómo se pasa la vida tan callando.
¿Por qué duelen tanto los pies? Se necesita
una investigación a fondo. ¿Por qué duelen tanto los pies?
Porque ni el hombre ni la mujer fueron diseñados genéticamente
Para ir y venir por este mundo erguidos en dos patas,
sino gateando como demonios y olfateando a Dios en cuatro pies
con el espinazo desnudo al aire libre, qué libre
aquel espinazo del amor ciego y luminoso, aquel espinazo
del primer soplo que voló por primera vez desde las cavernas
con aquella música en la danza donde tuvo su origen
el desliz y el pulso de la concordia, el desliz y el pulso de la discordia.
Los antiguos dicen que la vida apareció en el mundo
al cambiar la sintaxis de los pies,
pero ¿por qué duele tanto esa mutación en la sintaxis?
La ciencia del Azar puede subir al cielo en la punta de los pies,
aunque también podría derrumbarse en cuatro patas
como el amor, qué ciego el amor y qué luminoso.
Cómo se pasa la vida, tan callando,
cómo se nos viene la muervida de manicuro
en pedicuro, de pedicuro con soplo
en manicuro que a veces no tiene soplo
y no sabe cómo dar luz y salir de las tinieblas,
cómo se pasa la vida tan callando.
¿Por qué duelen tanto los pies? Se necesita
una investigación a fondo. ¿Por qué duelen tanto los pies?
Sin duda que los lectores tendrán una respuesta inteligente.

Hernán Lavín Cerda (1939)
La sublime comedia
Editorial Praxis, México, 2006

Jueves

Transmutación

A Jaime, in memoriam
Para Julio, de la estirpe de los Sabines

La buganvilla tiembla ante los ojos del Poeta
y como la higuera antigua
ante El Justo doblegada
espera la orden fulminante.
Acaricia su follaje la mirada del Poeta.
La buganvilla se estremece
Jaime Sabines tiembla,
mira su cuerpo endeble, adormecido.
El rayo duerme en esas flores
y su mirada se adentra en las raíces
(cada vez más hoguera sus pétalos
y más savia la sangre).

Ciudad de México, marzo 19 de 1999

Óscar Wong (1948)
Razones de la voz
Conaculta, México, 2002

Viernes

Mi abuelo…

para Trilce

mi abuelo
tenía los hombros blancos
por las cicatrices
era el cuerpo entrenado
para abrirle la trocha
al tren
el hombre que ponía el cuerpo
cuando el silbato
anunciaba su cercanía
y un rizo de humo
se dibujaba en el cielo
eléctrico
como una lagartija
él corría como un fantasma
sobre los campos de caña
colocando rieles
levantando polvo del azúcar
haciendo azúcar del polvo
de los cadáveres
de los que no consiguieron sacar
el cuerpo a tiempo
él
que siempre supo
cuál era el tiempo
un día dejó la línea firme
y volvió a lo suyo
ser arriero

Roxana Crisólogo (1966)
Trenes
EBL / Conaculta, México, 2010

Sábado

Luz de puerto

El aire en ráfagas va diciendo: Mazatlán.
El Sol hace nido en miles de lugares.
En tierra señora hay troncos férreos con greñas que se dejan.
¡Palmas para las palmeras de graciosa cabeza!
Nada detiene el avance de un cielo que sonríe.
Es la fascinación lo que nos mantiene inmóviles
ante la luz que se encabrita en todas direcciones.
Es el calor del puerto y su libertad de gaviota
lo que nos levanta el corazón.
Y el corazón que se siente arrullado de brisa
provoca que perdamos peso para llevarnos flotando al sexo,
al amor, a la mesa, al malecón,
al suicidio marino, a erigir una iglesia o a desnudarnos
y a volver,
volver a puerto.

María de Guerra (1970)
Fervores
Conaculta, México, 2011

Domingo

De dolencias

Algo me duele
como si no doliera casi nada
pero lo poco que doliera
fuera todo.
Ignoro si un tendón o un músculo,
si diente o metatarso.
Algo
que debo ser yo mismo
aunque nunca lo llame por mi nombre.
Detrás del paladar, pero no en la garganta.
Debajo de la piel, pero en la piel de todas formas.
Duele de golpe,
sencillamente porque sí,
contra todo pronóstico,
a espaldas del zodiaco, de Roma y de los griegos,
a contrapié de Cristo y el ángel de mi guarda,
en los alrededores del omóplato,
al fondo de las glándulas
y en el crujir continuo de las vértebras.
Duele insensiblemente,
sin que nadie lo sepa ni yo mismo
pueda sobreponerme a la vergüenza
de quejarme a escondidas todo el tiempo.

Luis Vicente de Aguinaga (1971)
Qué fue de mí
Mantis Editores, Guadalajara, 2017


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