Poema del día

Siete poemas para esta semana. Selección de Felipe Garrido

Lunes, 30 de Septiembre de 2019
Por: Gonzalo Celorio

Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria.

 

Lunes

La casa vacía

Yo recuerdo una casa que he dejado.
Ahora está vacía.
Las cortinas se mecen con el viento,
golpean las maderas tercamente
contra los muros viejos.
En el jardín, donde la hierba empieza
a derramar su imperio,
en las salas de muebles enfundados,
en espejos desiertos
camina, se desliza la soledad calzada
de silencioso y blando terciopelo.
         Aquí donde su pie marca la huella,
en este corredor profundo y apagado
erecta una muchacha, levantaba
su cuerpo de ciprés esbelto y triste.
(A su espalda crecían sus dos trenzas
igual que dos gemelos ángeles de la guarda.
Sus manos nunca hicieron otra cosa
más que cerrar ventanas.)
          Adolescencia gris con vocación de sombra,
con destino de muerte:
las escaleras duermen, se derrumba
la casa que no supo detenerte.

Rosario Castellanos (1925-1974)
Poetas comitecos. Antología
Consejo Ciudadano para la Cultura,
del municipio de
Comitán de Domínguez, Chiapas
Comitán, 2005

Martes

La mujer y la casa

Hervías la leche
y seguías las aromosas costumbres del café.
Recorrías la casa
con una medida sin desperdicios.
Cada minucia un sacramento,
como una ofrenda al peso de la noche.
Todas tus horas están justificadas
al pasar del comedor a la sala,
donde están los retratos
que gustan de tus comentarios.
Fijas la ley de todos los días
y el ave dominical se entreabre
con los colores del fuego
y las espumas del puchero.
Cuando se rompe un vaso,
es tu risa la que tintinea.
El centro de la casa
vuela como el punto en la línea.
En tus pesadillas
llueve interminablemente
sobre la colección de matas
enanas y el flamboyán subterráneo.
Si te atolondraras,
el firmamento roto
en lanzas de mármol,
se echaría sobre nosotros.

José Lezama Lima (1910-1976)
Poesía completa
Tercera edición, corregida y aumentada
Letras Cubanas, La Habana, 1970

Miércoles

Da risa

Da risa habernos querido tanto.
Tenemos los brazos cansados,
las piernas destrozadas.
Esto da mucha risa.
Hemos levantado una casa pequeña;
aquí los cuadros,
los objetos comprados en las ferias,
el ojo del dios de los huicholes
que va a todos lados con la casa.
Esta casa navega, vuela,
Se destroza y vuelve a levantarse.
Da risa su precario equilibrio.
Qué risa da nuestra casa de humo
cuando navega en la noche
a muros desplegados,
con la luna en cada ventana.
La risa sin motivo
y con muchas razones desquiciadas
está en el corazón
de esta casa de risa.

Hugo Gutiérrez Vega (1934-2015)
Las peregrinaciones del deseo
Poesía, 1965-1986
FCE, México, 1987

Jueves

Dejad las hebras de oro ensortijado
que el ánima me tienen enlazada,
y volved a la nieve no pisada
lo blanco de esas rosas matizado.
          Dejad las perlas y el coral preciado
de que esa boca está tan adornada,
y al cielo –de quien sois tan envidiada–
volved los soles que le habéis robado.
          La gracia y discreción, que muestra ha sido
del gran saber del celestial maestro,
volvédselo a la angélica natura.
          Y todo aquesto así restituido,
veréis que lo que os queda es propio vuestro:
ser áspera, crüel ingrata y dura.

Francisco de Terrazas (1525?-1600?)
Ocho siglos de poesía en lengua castellana
Sepan Cuantos 381, Porrúa, México, 1993

Viernes

Alas

Aguijones en la tarde. Brusco
cambio de sol en el semblante.
Sobre los verdes la piel,
se desprende una costra del sol.
Cambia su torso.
Sólo piel y un sueño. Así nace
la obertura que apresurada
abre como relámpago:
es el deseo. Una mancha.
Medroso el instante cierra.
Sólo alas:
sobre los ojos tres pares. Pájaros
del aire y bestias que mudan la piel.
Acechan, devoran.
Alas cerradas bajo el rostro de la dama
–se abren.

Silvia Eugenia Castillero (1963)
En un laúd –la catedral.
Gobierno del Estado de México,
México, 2015

Sábado

Parábola del huésped sin nombre

Han llamado a mi puerta,
que siempre está de par en par abierta
y que esta vez la ráfaga nocturna
cerró de un golpe...
                                 Sola y taciturna,
en el umbral detiénese la extraña
silueta del viador. Lívida baña
su faz la luna; tiene el peregrino
sangre en los pies cansados del camino;
ojos en que retrátase y fulgura
una vasta visión que ha tiempo dura
en incesante asombro,
y con la gruesa alforja, la insegura
mano sustenta un báculo en el hombro.
          —¿Quién eres, tú? ¿De dónde
vienes, y a dónde vas?...
                                     Y me responde:
—Nunca supe quién soy, y no sé nada
del principio y el fin de mi jornada.
Yo sólo sé que en la llanura incierta
de mi peregrinar, llegué a tu puerta;
que mi cansancio pide tu hospedaje,
y que a la aurora seguiré mi viaje.
Destino, patria, nombre...
¿No te basta saber que soy un hombre?
          A sus palabras pienso que mi vida
es como una pregunta suspendida
en el arcano mudo, y digo:
                                         —Pasa,
sea la paz contigo en esta casa.
Y entra el viador, y nos quedamos luego
al amparo del fuego.
Nuestro mutismo sobrecoge y pasma,
y cual doble fantasma
que evocara un conjuro,
se alargan nuestras sombras en el muro...

Enrique González Martínez (1871-1952)
Material de Lectura
Nota introductoria y selección
de Andrea Polidori
UNAM, México 2010

Domingo

Intermezzo 1. Notas

Una ciudad no es fiel a un río ni a un árbol,
mucho menos a un hombre.
Eugenio Montejo

Nota 1
Tema: Cuadro dominical

La silla ve en el árbol
al músico que inicia
la temporada de conciertos.
¡Qué optimismo el del árbol!
¡Qué orgullo el de la silla que lo mira!
La sierra eléctrica también luce contenta.
El carpintero espera.
La silla escribe. Los días
escapan en parvadas.

Nota 2.
Tema: Doctor Vértiz 185, Interior 5

Para Cárlos López

Mi vecino pasea a sus perros con el alba.
Uno es negro por dentro y verde por fuera.
Otro blanco de dientes para arriba.
Tiene aire de sicario
guardaespaldas o puerco espín.
Al perro negro no le caigo bien
al blanco tampoco
mas guarda sus colmillos en un estuche de oro
si ejercito en voz alta mis quevedos.
El dueño de los perros
aparte de ser el dueño de los perros
desnuda por las noches
a la Dama de los Cabellos Ardientes/
Barba Jacob sería feliz en esta vecindad
de impresores de sueños y músicos de un rato.
Ninfas en la niebla
grafiteros en busca de su cueva de Altamira
arrojan el anzuelo por si pica un pez gordo
o llegan en su Titanic de papel los dioses de la fama.


Nota 3.
Tema: Posibilidades del sol

Es bueno que a ratos salga el sol
inclusive los martes.
Sobre la piel de la roca
el rocío y la hierba
se empeñan en vivir aquí.

Margarito Cuéllar (1956)
Las edades terrestres
Secretaría de Cultura de San Luis Potosí,
Editorial Ponciano Arriaga
San Luis Potosí, 2016

 


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