Poema del día

Siete poemas para esta semana. Selección de Felipe Garrido

Lunes, 21 de Febrero de 2022
Por: Felipe Garrido

Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria.

 

Lunes

Pasar

Quiero y no quiero
busco
un aire negro un cieno
relampagueante
un alto
una hora absoluta 
mía ya para siempre.
          Quiero y no quiero
espero  
y no
y desespero
y por veces aparto
con todo olvido todo abandono toda
felicidad
ese día completo
esa huida ese más
ese desdén entero
esa destituida instancia
ese vacío
más allá del amor
de su precario don
de su no
de su olvido
esa puerta sin par
el solo paraíso.
          Quiero y no quiero
quiero
quiero sí y cómo quiero
dejarlo estar así
olvidar para siempre
darme vuelta
pasar
no sonreír
salirme
en una fiesta grave
en una dura luz
en un aire cerrado
en un hondo compás
en una invulnerable
terminada figura.

Idea Vilariño (1920-2009)
Antología de poesía latinoamericana contemporánea
Selección de Piedad Bonnett
Norma, Bogotá, 2010.

Martes

José Ramón Cantaliso

José Ramón Cantaliso,
¡canta liso!, canta liso,
José Ramón.
Duro espinazo insumiso:
por eso es que canta liso
José Ramón Cantaliso,
José Ramón.
En bares, bachas, bachatas,
a los turistas a gatas,
y a los nativos también,
a todos, el son preciso
José Ramón Cantaliso
les canta liso, muy liso,
para que lo entiendan bien.
Voz de cancerosa entraña.
Humo de solar y caña,
que es nube prieta después:
son de guitarra madura,
cuya cuerda ronca y dura
no se enreda en la cintura,
ni prende fuego en los pies.
Él sabe que no hay trabajo,
que el pobre se pudre abajo.
Y que tras tanto luchar,
el que no perdió el resuello,
o tiene en la frente un sello,
o está con el agua al cuello
sin poderlo remediar.
Por eso de fiesta en fiesta
con su guitarra protesta,
que es su corazón también,
y a todos el son preciso,
José Ramón Cantaliso
les canta liso, muy liso,
para que lo entiendan bien.

Nicolás Guillén (1902-1989)
Summa poética.
Cátedra, Madrid, 2005.

Miércoles

En esas manos juntas

Allí van mis dos viejos

               de la mano

estrenando sus años

               muchos años

dentro de una silueta vieja y buena

dueños de su segunda adolescencia

          ellos conocen el hilo de la vida

como la palma de sus propias manos

y de los días abiertos

como arcos cotidianos

van construyendo el tiempo

          territorio de amor en la ciudad

               desarbolada y sucia

tregua de flores y de pájaros

          del bolsillo de él

               ella saca los años

sacude las artritis

almidona el espíritu

con unos polvos blancos

          y él

sale como un astro

múltiple de raíces

a comenzar la vida

con sus útils limpios

bien forrados por ella

cada día temprano

          y en esas manos juntas

que se dan

               como niños    

          han cabido una guerra 

               un exilio

telegramas lejanos

anunciando la muerte

los padres los hermanos

               pozos de lejanía

          eséranzas perdisas

en los nuevos caminos

               puertas

               nuevas ventanas

          allá van mis dos viejos

               de la mano

           territorio de amor

en la ciudad

desarboada y sucia

tregua de flores y de pájaros

Mariángeles Comesaña (1948)

Mendrugos de silencio

Escribo mi carta para

decirles que esto es

lo que pasa.

Estamos enfermos del tiempo

del aire mismo, de la pesadum-

bre que respiramos,

de la soledad que se nos impone.

Rubén Bonifaz Nuño

La tarde me está viendo

se ríe de mis zapatos

descaminados

sucios de tanta espera

la tarde se me clava en la garganta

          una se encuentra sola

sola en el desayuno

en la ventana

sin más ropa colgada que una sola

sin más agua en la jarra

¿para qué? ¿para quién?

sin más calor

               que el lienzo de unas sábanas

una se encuentra sola

sola alabrirla puerta de la casa

sola al partir el pan

               –dulce para nadie–

al servir el café 

               en una sola taza

          los días y las noches

untan la soldad

               en los espejos

donde a diario se mira

solamente una cara

          una se encuentra sola

poblada de rincones

las cosas hablan miran

en un idioma inmóvil

las patas de las sillas

paralíticas sin rastro de tibieza

sillas sin alma

          la soledad mendiga

va pasando a las casas

va pidiendo mujeres

                          hombres

                                 niños

          mendrugos de silencio

pedacitos de vida

vidas enteras

trágame tierra

          que me devora el frío

               de mi sombra amarrada

trágame que me muerde y me remuerde

la falta de mi mano en otra mano

el hueco de mi cuerpo en otro cuerpo

la ausencia de mi risa en algún cuarto

          la tarde me está viendo

en su triste aguacero

la tarde se me clava en la garganta

Mariángeles Comesaña (1948)
Donde conversan los amigos
Mariángeles Comesaña, Antonio
Deltoro, Eduardo Hurtado
Ediciones de la revista Punto de 
Partida
, UNAM, México, 1982.

Jueves

Historia de un amor / Cristina Peri Rossi

Para que yo pudiera amarte

los españoles tuvieron que conquistar América

y mis abuelos

huir de Génova en un barco de carga.

Para que yo pudiera amarte

Marx tuvo que escribir El Capital

y Neruda, la “Oda a Leningrado”.

Para que yo pudiera amarte

en España hubo una guerra civil

y Lorca murió asesinado

después de haber viajado a Nueva York.

Para que yo pudiera amarte

Catulo se enamoró de Lesbia

y Romeo, de Julieta;

Ingrid Bergman filmó Stromboli

y Pasolini, los Cien Días de Saló.

Para que yo pudiera amarte,

Lluís Llach tuvo que cantar Els Segadors

y Milva, los poemas de Bertolt Brecht.

Para que yo pudiera amarte

alguien tuvo que plantar un cerezo

en la tapia de tu casa

y Garibaldi pelear en Montevideo.

Para que yo pudiera amarte

las crisálidas se hicieron mariposas

y los generales tomaron el poder.

Para que yo pudiera amarte

tuve que huir en barco de la ciudad donde nací

y tú resistir a Franco.

Para que nos amáramos, al fin,

ocurrieron todas las cosas de este mundo

y desde que no nos amamos

sólo existe un gran desorden.

Cristina Peri Rossi (1941)

Sueño

Soñé que estábamos juntas en el cine

la película era la misma

tu butaca estaba frente a la pantalla

pero la mía

miraba hacia el otro lado

el cartel luminoso que decía SALIDA.

Cristina Peri Rossi (1941)

Montevideo

Nací en una ciudad triste

de patios con helechos

claraboyas verdes

y el envolvente olor de las glicinas

flores borrachas

flores lilas

          Una ciudad

de tangos tristes

viejas prostitutas de dos por cuatro

marineros extraviados

y bares que se llaman City Park.

          Y sin embargo

la quise

con un amor desesperado

la ciudad de los imposibles

de los barcos encallados

de las prostitutas que no cobran

de los mendigos que recitan a Baudelaire.

          La ciudad que aparece en mis sueños

accesible y lejana al mismo tiempo

la ciudad de los poetas franceses

y los tenderos polacos

los ebanistas gallegos

y los carniceros italianos

          Nací en una ciudad triste

suspendida del tiempo

como un sueño inacabado

que se repite siempre.

Cristina Peri Rossi (1941)
Poesía reunida, 
Lumen, Barcelona, 2005.

Viernes

Después de las fiestas 

Y cuando todo el mundo se iba
y nos quedábamos los dos
entre vasos vacíos y ceniceros sucios,

qué hermoso era saber que estabas
ahí como un remanso,
sola conmigo al borde de la noche,
y que durabas, eras más que el tiempo,

eras la que no se iba
porque una misma almohada
y una misma tibieza
iba a llamarnos otra vez
a despertar al nuevo día,
juntos, riendo, despeinados.

Julio Cortázar (1914-1984)

Una carta de amor

Todo lo que de vos quisiera
es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo
          como un perro que pasa, una colina,
esas cosas de nada, cotidianas,
espiga y cabellera y dos terrones,
el olor de tu cuerpo,
lo que decís de cualquier cosa,
conmigo o contra mía,
          todo eso es tan poco
yo lo quiero de vos porque te quiero.
          Que mires más allá de mí,
que me ames con violenta prescindencia
del mañana, que el grito
de tu entrega se estrelle
en la cara de un jefe de oficina,y que el placer que juntos inventamos
sea otro signo de la libertad.

Julio Cortázar (1914-1984)

Los amigos

En el tabaco, en el café, en el vino,
al borde de la noche se levantan 
como esas voces que a lo lejos cantan
sin que se sepa qué, por el camino.
          Livianamente hermanos del destino, 
dióscuros, sombras pálidas, me espantan
las moscas de los hábitos, me aguantan 
que siga a flote entre tanto remolino.
          Los muertos hablan más pero al oído,
y los vivos son mano tibia y techo,
suma de lo ganado y lo perdido.
          Así un día en la barca de la sombra,
de tanta ausencia abrigará mi pecho
esta antigua ternura que los nombra.

Julio Cortázar (1914-1984)
Narraciones y poemas.
Visor Libros. Madrid, 2005.

Sábado

Patio de tarde

A Toby le gusta ver pasar a la muchacha rubia por el patio. Levanta la cabeza y remueve un poco la cola, pero después se queda muy quieto, siguiendo con los ojos la fina sombra que a su vez va siguiendo a la muchacha rubia por las baldosas del patio. En la habitación hace fresco, y Toby detesta el sol de la siesta; ni siquiera le gusta que la gente ande levantada a esa hora, y la única excepción es la muchacha rubia. Para Toby la muchacha rubia puede hacer lo que se le antoje. Remueve otra vez la cola, satisfecho de haberla visto, y suspira. Es simplemente feliz, la muchacha rubia ha pasado por el patio, él la ha visto un instante, ha seguido con sus grandes ojos avellana la sombra en las baldosas. Tal vez la muchacha rubia vuelva a pasar. Toby suspira de nuevo, sacude un momento la cabeza como para espantar una mosca, mete el pincel en el tarro, y sigue aplicando la cola a la madera terciada.

Julio Cortázar (1914-1984)

Último round.

Siglo XXI, México, 1969.

Capítulo 68

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balpamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

Julio Cortázar (1914-1984)

Rayuela.

Pantheon Books Editorial Sudamericana,

Buenos Aires, 1963.

Domingo

Hemos de procurar no mentir

Hemos de procurar no mentir mucho.
Sé que a veces mentimos para no hacer un muerto,
para no hacer un hijo o evitar una guerra.
De pequeña mentía con mentiras de azúcar,
decía a las amigas: "Tengo cuarto de baño"
–mi casa era pobre con el retrete fuera–.
"Mi padre es ingeniero" y era sólo fumista,
pero yo le veía ingeniero ingenioso!
Me costó la costumbre de arrancar la mentira,
me tejí un vestido de verdad que me cubre;
a veces voy desnuda.
Desde entonces me quedo sin hablar muchos días.

Gloria Fuertes (1917-1998)


Autobio


Nací a muy temprana edad.
Dejé de ser analfabeta a los tres años,
virgen, a los dieciocho,
mártir, a los cincuenta.
Aprendí a montar en bicicleta
cuando no me llegaban
los pies a los pedales;
a besar, cuando no me llegaban
los pechos a la boca.
Muy pronto conseguí la madurez.
En el colegio,
la primera en Urbanidad,
Historia Sagrada y Declamación.
Ni Álgebra ni la sor Maripili me iban.
Me echaron.
Nací sin una peseta. Ahora,
después de cincuenta años de trabajar,
tengo dos.

Gloria Fuertes (1917-1998)

Y no sé por qué

Estoy triste... y no sé por qué;
he bebido amor,
y aún tengo sed.
Estoy sola... y no sé por qué;
quisiera saberlo,
mas no lo diré...
Estoy sola y no sé por qué;
quisiera besar
y no sé a quién.
Estoy enamorada... y no sé de qué.
Quisiera saberlo...
y no puede ser.
Estoy triste y sola...
y no sé por qué.

Gloria Fuertes (1917-1998)
Antología.
Cátedra, Madrid, 2019.


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