Poema del día

Siete poemas para esta semana. Selección de Felipe Garrido

Lunes, 18 de Julio de 2022
Por: Felipe Garrido

Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria.

 

Lunes

Elegía platónica

Amo a un joven de insólita pureza,
todo de lumbre cándida investido:
la vida en él un nuevo día empieza,
y ella en él cobra número y sentido.
Él, en su cotidiano movimiento
por ámbitos de bruma y gnomo y hada,
circunscribe las flámulas del viento
y el oro ufano en la espiga enarcada.
Ora fulgen los lagos por la estría…
Él es paz, en el alba nemorosa.
Es canción en lo cóncavo del día.
Es lucero en el agua tenebrosa…

Porfirio Barba Jacob (1883-1942)
Antorchas contra el viento
Selección y prólogo de Elías Nandino
Gatopardo, México, 1984

Martes

La caída

Estábamos desnudos
y éramos nosotros
las cosas en el cuarto
–el florero la mesa
el agua el pan el vino–
en un diálogo mudo
hablaban un nosotros
todo ardía de luz
y se correspondía
cuando dijiste “yo”
y caímos desnudos
como un saco de plomo
en la múltiple oscura presencia de las cosas.

Javier Sicilia (1956)
Vestigios
Ediciones Era, México, 2013

Miércoles

Los cinco sentidos

1
En el telar de la lluvia
tejieron la enredadera
–¡madreselva, blanca y rubia–
de tu cabellera negra.

2
¡Si el picaflor conociera
a lo que tu boca sabe…!

3
Iluminados y oscuros
capulines de tus ojos,
como el agua de los pozos
copian luceros ilusos.

4
Cuando te toco parece
que el mundo a mí se confía
porque en tu cuerpo amanece,
desnudo pétalo, el día.

5
Por tu voz de mañanitas
he sabido despertar
de la realidad al sueño,
del sueño a la realidad.

*
Nadie espere en el amor,
si es amante verdadero,
nada más que su calor
en sí mismo prisionero;
mas recuerde que no hay
nada mejor llevadero
para su propio gozar,
que un amor buen marinero,
desnudo, de cuerpo entero,
y dispuesto a naufragar.

*
Que lo entiendan ignorantes
o lo comenten los sabios,
de color, sonido y forma
están hechos nuestros labios.

Bernardo Ortiz de Montellano (1899-1949)
Material de lectura. Poesía moderna. 58
Selección y nota 
de Manuel Fernández Pereda
UNAM, México, s/f

Jueves

Creo en el hombre

Porque nací y parí con sangre y llanto;
porque de sangre y llanto soy y somos,
porque entre sangre y llanto canto y canta,
creo en el hombre.
Porque camina erguido por la tierra
llevando un cielo cruel sobre la frente
y el plomo del pecado en las rodillas,
creo en el hombre.
Porque ara y siembra sin comer el fruto
y forja el hierro con el hambre al lado
y bebe un vino que el sudor fermenta,
creo en el hombre.
Porque se ríe a diario entre los lobos
y abre ventanas para ver los pinos
y cruza el fuego y pisa los glaciares,
creo en el hombre.
Porque se arroja al agua más profunda
para extraer un náufrago, una perla,
un sueño, una verdad, un pez dorado, 
creo en el hombre.
Porque sus manos torpes y mortales
saben acariciar una mejilla,
tocar el violín, mover la pluma,
coger un pajarillo sin que muera,
creo en el hombre.
Porque apoyó sus alas en el viento,
porque estampó en la Luna su mensaje
porque gobierna el número y el átomo,
creo en el hombre.
Porque conserva un cajón secreto
una ramita, un rizo, una peonza
y un corazón de dulce sus letras,
creo en el hombre.
Porque se acuesta y duerme bajo el rayo
y ama y engendra al borde de la muerte
y alza a su hijo sobre los escombros
y cada noche espera que amanezca,
creo en el hombre.

Ángela Figuera Aymerich (1902-1984)
Material de lectura. Poesía moderna. 59
Selección y nota introductoria de Carmen Alardín
UNAM, México, s/f

Viernes

Ojos primitivos

En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.
Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.
Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.
Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.
Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

Alejandra Pizarnik (1936-19729
Material de lectura. Poesía moderna. 93
Prólogo y selección de
Miguel Ángel Flores 
UNAM, México, s/f

Sábado

Cuando yo digo amor

Cuando yo digo amor
identifico
sólo una pobre imagen sostenida
por gestos falsos,
porque el amor me fue desconocido.
Cuando yo digo amor
sólo te invento
a ti, que nunca has sido.
Y cuando digo amor
abro los ojos
y sé que estoy en medio
de mis brazos vacíos.
Cuando yo digo amor
sólo me afirmo
una presencia impar
como mi almohada.
Cuando yo digo amor
olvido nombres
y redoblo vacíos y distancias.
Cuando yo digo amor
en una sala
llena de rostros fútiles
y pisadas oscuras en la alfombra.
Cuando yo digo amor
crece la noche
y mis manos encuentran
para su hambre doble y prolongada
mi pobre rostro solo
repetido por todos los rincones.
Cuando yo digo amor
todo se aleja
y me asaltan mi nombre y mis cabellos
y las hondas caricias no nacidas.
Cuando yo digo amor
soy como víctima.
La inválida en salud.
El granizo y la rosa paralelos.
La dualidad del árbol y el paseante.
La sed y el parco refrigerio.
Yo soy mi propio amor
y soy mi olvido.
Cuando yo digo amor
se me desploma
la ascensión de las venas.
Sobreviene un otoño
de fugas y caídas
en que yo soy el centro
de un espacio vacío.
Cuando yo digo amor
estoy sin huellas.
De porvenir desnuda
e indigente de ecos y memoria.
Cuando yo digo amor
advierto inútil
la palma de mi mano –que se convexa–
e increíble
ese girar soltero
del pez en su pecera.

Margarita Michelena (1917-1998)
Material de lectura. Poesía moderna. 128
Selección y nota de la autora
UNAM, México, 1987

Domingo

Ser una casta pequeñez
A Alfonso Cravioto

Fuérame dado remontar el río
de los años, y en una reconquista
feliz de mi ignorancia, ser de nuevo
la frente limpia y bárbara del niño...
Volver a ser el arrebol, y el húmedo
pétalo, y la llorosa y pulcra infancia
que deja el baño por secarse al sol...
Entonces, con instinto maternal,
me subirías al regazo, para
interrogarme, Amor, si eras querida
hasta el agua inmanente de tu pozo
o hasta el penacho tornadizo y frágil
de tu naranjo en flor.
Yo, sintiéndome bien en la aromática
vecindad de tus hombros y en la limpia
fragancia de tus brazos,
te diría quererte más allá
de las torres gemelas.
Dejarías entonces en la bárbara
novedad de mi frente
el beso inaccesible
a mi experiencia licenciosa y fúnebre.
¿Por qué en la tarde inválida,
cuando los niños pasan por tu reja,
yo no soy una casta pequeñez
en tus manos adictas
y junto a la eficacia de tu boca?

Ramón López Velarde (1888-1921)
La sangre devota
Obras, ed. de José Luis Martínez. 
2ª ed., México, FCE, 1990.


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